Las mandarinas, como toda fruta, es mejor comprarlas frescas. Deben tener muy buen aspecto, sin manchas ni cortes, sin partes blandas u oscuras, con los cabitos, y en lo posible con las hojas frescas.

Si su piel es mas bien gruesa, se despega con facilidad de los gajos y los gajos presentan hilos blancos fáciles de retirar.

Si no las adquirimos frescas se deterioran con mucha rapidez, aún si las guardamos en la heladera.