Cómo degustar el té

Cómo catar el té

El té es una de las infusiones más consumidas y disfrutadas en todo el mundo. Con sus infinitas variedades, tendremos siempre una opción para cualquier momento del día y para las condiciones de salud más diversas.

Para poder apreciarlo mejor y en toda su profundidad, aquí aprenderemos la técnica de degustación del té, que al igual que el vino, se analiza mediante los sentidos. Se aprecia su aroma, su vista, su sabor y su textura, mientras que el oído participa al percibir los sonidos del agua caliente ingresando en la taza, en el momento de su preparación.

Degustación del té: Aromas y tacto

Lo primero a analizar es el aroma del té, el cual se aprecia en distintas etapas.

Primero, se huele en profundidad la lata o la bolsa de las hebras, hojas o polvillo. En una primera parte se entremezcla con el tacto, pues se toman las hojas o hebras de la lata, se presionan levemente, y se huele el aroma que se desprende. En la segunda parte, también se hace una apreciación visual del estado de las hebras, analizando su forma, color y tamaño. Finalmente, se aprecia el sonido de las hojas: su nivel de sequedad, cómo crujen, cómo se deslizan entre sí.

Degustación del té: El aroma en la taza

El siguiente paso en la degustación del té es verter la porción de hebras u hojas en la taza, y agregar el agua caliente para volver a apreciar los aromas que se desprenden. Se analizan aquí las diferencias de ambos aromas, apreciando las notas olfativas que puedan desprenderse, como frutales, florales, especiadas y otras.

Degustación del té: El color

A continuación, se analiza el aspecto visual del té, preferentemente en una taza blanca o una de vidrio incolora, en un sitio bien iluminado y sobre un fondo blanco. Se observa el color del té, los brillos que se desprenden, su nivel de claridad u opacidad, si hay sedimentos en la taza, si el líquido se nota brillante, y si se unta en los bordes del recipiente, analizando su cuerpo.

Degustación del té: El sabor

Finalmente, se bebe un pequeño sorbo de té, para hacerlo pasar por cada rincón de la boca, la lengua y el paladar. Así, pueden percibirse todos los sabores que se deprenden de la infusión, con sus notas especiadas, ácidas, la textura en boca, la untuosidad, y la astringencia de esta bebida.

Luego de tragar la infusión, se da un breve resoplido por la nariz, y luego otro por la boca. De este modo, podemos apreciar el retronasal, es decir, la permanencia del té en la boca, el aroma posterior al consumo, y la textura en la garganta. Nuevamente, se analizará la acidez, reconociendo los nuevos sabores que se desprenden.

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