¿Qué es el Síndrome de la Pieza Faltante?

¿Sufres del Síndrome de la Pieza Faltante?

Cuando la vida no cambia, no llegamos a la meta, nos sentimos en un perpetuo malestar inconformista y comenzamos a pensar que estamos signados por el destino para la mediocridad… quizás estés sufriendo del llamado Síndrome de la Pieza Faltante, una nueva teoría que pone en jaque a tus limitaciones autoimpuestas y te invita a abrirte paso al futuro.

Se trata de una ideología propuesta y promulgada por el controversial literato y mediático Dennis Prager, quien supo ganar fama mundial por sus ideologías políticas y sociales, su programa radial y también fundando la PragerU, su propia universidad.

Sea cual fuere su inclinación en el campo de la vida civil, Prager ha propuesto una ideología que pronto fue reclamada por numerosos otros autores del mundo entero. Y no es para menos: se trata de una de esas verdades que “siempre estuvieron ahí”, pero que no hemos visualizado en profundidad.

Claves para comprender el síndrome de la pieza faltante. Cómo evitar sentir todo el tiempo que algo nos falta.

© Depositphotos.com/pressmaster

Imagen 1. El que algo nos falte puede servirnos como motor, o puede vencernos y desmotivarnos. ¡Tú eliges qué camino seguir!.

El Síndrome de la Pieza Faltante se basa en un precepto bastante directo, habitual, y fácil de entender: si te fijas todo el tiempo y con toda tu energía en una sola cosa, no alcanzas a apreciar (ni a destinar energía para) las demás, lo que provoca insatisfacción, derrotismo y frena nuestro avance, en particular si “eso” en lo que nos enfocamos es algo negativo. Veámoslo con mayor profundidad.

Principios y análisis de este Síndrome

El Missing Tile Syndrome, como es su nombre en el idioma original, denota más literalmente “el síndrome de la baldosa/el cerámico/la placa faltante”. Se inspira en los convencionales techos o cielorrasos de numerosas edificaciones de los Estados Unidos, compuestos por una cuadrícula metálica sobre la que se posan placas (tiles) que aíslan el espacio y protegen cables y otros.

Supongamos que estamos esperando en una sala cuyo techo está formado por esta cuadrícula de placas móviles. El techo es blanco, la ala blanca, los muros blancos. Nada llama la atención, salvo una pieza del cielorraso que falta en ese sitio. De pronto, toda nuestra atención se vuelca en esa pieza faltante, tanto que ni siquiera notamos que ha entrado más gente a la sala, que han puesto adornos en los muros, que están exhibiendo una película en la pared del frente. Sólo podemos ver esa pieza que falta, y aunque giremos la cabeza, la mirada automáticamente vuelve a esa pieza faltante que tanto nos llama la atención.

Del mismo modo, cuando sentimos que en nuestra vida falta algo, tendemos a centrar toda nuestra atención en eso. Si nunca hemos tenido un coche o una vivienda propia, si no somos el CEO de la compañía aunque sentimos que podríamos serlo, si tenemos cierta edad y somos aún solteros, o estamos en pareja pero aún no tenemos hijos, o no tenemos tantos amigos como tienen los demás, tal vez es que no nos sentimos a gusto con nuestra figura, o nuestra ropa, o nuestro color de cabello: siempre hay algo que “nos falta”. Y, cuando lo notamos, seguro que seguimos adelante con nuestra vida, pero siempre tenemos esa idea de falta (de derrota, de falla) en algún rincón de nuestra mente.

Esa idea no sólo puede causar estragos en tu motivación, sino que también te priva de parte de tu energía mental. Sin que siquiera lo notes, te asumes como esa “falla” que en realidad no lo es. No te permites pensarte en tus éxitos y tampoco en tu realidad: eres lo que eres, y mañana serás otra persona diferente. En cambio, piensas en tu vida y en ti como lo que “no eres”, o que “no tienes”, lo que te falta y tienes pendiente en tu camino.

¿Qué hacer para evitar este síndrome?

Comprende que la falta es la base del deseo, de las ansias, del anhelo. No tener o no ser algo nos puede servir como motor que nos impulse a ponernos en movimiento para conseguirlo, y eso es siempre una buena idea.

Por otro lado, debes recordar (y esforzarte en comprenderlo) que eres quien eres, con lo que eres y lo que tienes. Si quieres que las cosas cambien, debes cambiarlas tú, y debes saberte capaz de ello. Sea que puedas, que quieras, que lo hagas o no, mucho más importante aún es comprender que tu vida es lo que es en este mismo segundo. Observa lo que tienes a tu alrededor, siente cada segundo de tu vida, acepta los fallos como también las virtudes.

Proponte objetivos cortos y simples, en una escalera con peldaños que te acerquen hacia tu meta. Pero detente en cada escalón, y “frena a oler las rosas”. El Síndrome de la Pieza Faltante tiene una cura fácil: dejar de ver el vaso medio vacío, con esfuerzo y dedicación diarios.

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