Cómo ayudar a un familiar con depresión

Cómo tratar a un familiar o amigo con depresión

La depresión es la epidemia del siglo XXI, siendo el segundo trastorno psicológico más extendido entre la población. No es de extrañar por tanto que nos encontremos en la difícil situación de tener que tratar con alguien cercano que padezca este mal.

Aunque no seamos expertos en este tipo de trastornos y se nos escapen muchos puntos, tenemos cierto margen de maniobra para ayudarlos, pudiendo al menos tratar de colaborar dentro de nuestras posibilidades, a la vez que mejoramos nuestra propia situación personal.

Señales de depresión

Antes de obsesionarnos con la idea de que alguien de nuestra familia sufre depresión, debemos entender que es un término que se ha ido instalando en el lenguaje coloquial con el paso del tiempo. Lo que antes era "estar triste"' o "desanimado"', se ha convertido en "tener depresión", cuando en muchas ocasiones son baches temporales o problemas concretos que nos afectan a todos en algún momento de nuestra vida. Este punto es importante de entender, porque si rápidamente le calificamos como depresivo, cambiará nuestra forma de percibirla: todo lo que haga será justificado por su supuesta depresión.

La mejor forma es fijarse en su estilo de vida en un periodo prolongado. Falta de ilusión por sus aficiones más arraigadas y una tristeza continua día tras día son las mejores señales. Otros típicos es la pérdida o aumento de peso, insomnio, falta de energía o incluso tendencias suicidas.

Cómo ayudar a un depresivo

Con las sospechas ya fundadas, llega un momento tenso: hablar con esa persona. Puede parecernos ridículo, pero antes de asumir que tiene depresión es fundamental que lo pongamos en común, aunque lo niegue. La depresión, en un principio, casi siempre proviene de hechos concretos, situaciones prolongadas y cambios en la vida de forma drástica.

Ya convencidos de lo que le ocurre, ante todo debemos plantearnos la posibilidad de buscar ayuda profesional. Muchas veces se negarán pero, si dura demasiado, no habrá más remedio que insistir. Una vez trabajada esta vía, es importante no alimentar sus quejas y llantos. Se puede estar encima de alguien sin tener que premiarle necesariamente con nuestra atención.

Una de las mejores formas de ayudar a una persona con depresión es haciéndole participar en actividades que le gusten. Se negará, dirá que no lo disfrutará, pero una vez metidos en materia veremos cómo lo pasa igual de bien, sirviéndole de distracción para el aluvión de pensamientos que suele tener habitualmente. No hace falta que sea un hobby especialmente extraño, simplemente ir al cine será de gran ayuda.

Y ante todo, es fundamental vigilar nuestro propio estado anímico. Si nos centramos demasiado en esa persona puede acabar pasándonos factura, enrareciendo el ambiente en casa y afectándonos mucho más de lo que nos merecemos.

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