Demasiada conexión trae gastos inncesarios

Más conexión, más gastos

Si nuestros abuelos querían comunicarse con otras personas debían escribir cartas y esperar días, quizás semanas, o bien ir de visitas a lo de su interlocutor.

Cuando nuestros padres quisieron comunicarse con otras personas, tenían ya a su disposición teléfonos de línea que permitían comunicaciones automáticas a largas distancias. Hoy, la realidad ha cambiado, y puedes comunicarte con hasta desconocidos de cualquier punto del mundo de manera automática.

Gracias a los avances de la tecnología contamos con computadores de escritorio y móviles, tablets, teléfonos inteligentes multimedia y diversos dispositivos con acceso a la red de redes, que permiten nuestras comunicaciones y transacciones. Sin embargo, ante tanda oferta, podemos terminar algo extraviados, teniendo mucho más de lo necesario, e incurriendo en más y más gastos cada día.

¿Realmente necesitas tanta conexión?

Supongamos que tienes en casa un ordenador con conexión a Internet. Pues allí ya tienes resueltas todas tus necesidades de comunicación. Puedes hacer llamadas telefónicas o entre ordenadores, chatear, enviar faxes y correos electrónicos, mantener charlas sociales con cámara web incorporada… realmente no necesitas más que una PC conectada a Internet para llevar a cabo todas tus comunicaciones.

Pero si pasas mucho tiempo en la calle, seguramente también tendrás un teléfono. Tu móvil puede ser simple, para recibir y enviar llamadas y mensajes de texto, o ser un dispositivo integral que tenga acceso a Internet, con cámara frontal y trasera, en fin: que posea casi las mismas posibilidades de comunicación que tu ordenador.

Sin embargo, si no necesitas revisar tus correos o leer los periódicos online mientras estés en el subterráneo, entonces este artefacto estaría de más. Quizás un teléfono simple, con una tarifa plana sólo para llamadas y mensajes será más que suficiente.

Los costos de cada dispositivo de comunicación

Cada medio de comunicación tiene varios costos: el de compra, el de contratación del servicio que permite su uso, el de los artefactos asociados, el de mantenimiento, y el de consumo. Debes analizar todos antes de elegir tener cada dispositivo.

Por ejemplo: un teléfono móvil con Wi-Fi puede ser utilizado sin cargos extra cuando estás en zonas de Wi-Fi abierto, pero si necesitas tener Internet constantemente deberás contratar a la empresa proveedora. Así, el artefacto ahora tendrá el costo de su compra, el del servicio de telefonía y el costo de Internet como gastos mínimos para el funcionamiento que quieras darle; de igual forma, un ordenador tiene su costo de compra, luego el del servicio de Internet, de los artefactos que quieras adosarle, de los servicios a los que te suscribas, etc.

Por ello se hace indispensable especificar, pensar a conciencia, qué tanto necesitas de ese elemento. Puede ser sencillo y práctico, pero si pasas el día haciendo trámites bancarios, quizás tener un teléfono con servicio de Internet de pago no sea económicamente redituable; si trabajas en casa con un ordenador conectado, tener el servicio de pago de Internet en el móvil no sería conveniente; mientras que si pasas el día fuera de casa, de aquí para allá, seguramente al llegar no necesitarás un ordenador con Internet 24 horas.. Piensa la utilidad de cada uno para evitar gastos innecesarios.

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