¿Por qué el bebé suele ser más simpático con otras personas?

Una queja frecuente de los padres es ver que su bebé o niño es más simpático con tíos, vecinos y parientes que ve con menor frecuencia. ¿A qué se debe?

¿Tu bebé es más simpático con los demás?

Mi bebé es más simpático con otros que conmigo

Vaya si alguna vez habremos escuchado esta queja, que es en verdad un lamento disimulado y disfrazado de frustración. Es que es sólo natural, y es parte de nuestra condición humana: somos más simpáticos y hasta más agradables con las personas que recién conocemos o a quienes vemos con menos regularidad, que con nuestros seres más allegados. Y, en el caso de los bebés y de los niños pequeños, pues mucho más aún. Esa tía, ese primo o aquél vecino a quien visitan poco regularmente suele llegar con regalos, sonrisas, libre de los enojos del día a día y siempre dispuesto a jugar.

¿Por qué el bebé suele ser más simpático con otras personas?
Es algo bastante habitual que tu bebé sea más simpático con otros que contigo

El desgaste del día a día

No debes preocuparte ni sentirte mal, es algo bastante habitual que tu bebé sea más simpático con otros que contigo. Tú eres quien lo regaña cuando se porta mal, quien lo baña contra sus deseos, quien está allí educándolo y recordándole de las “obligaciones” de todo niño. Además, eres quien está en el día a día, lo que equivale a decir que eres quien sufre sus rabietas, sus enojos, y todo tipo de contras a la hora del baño, de la comida, de ir a dormir y demás.

Por el contrario, las visitas y los parientes a quienes ven con poca frecuencia llegan siempre con una sonrisa en el rostro, frescos y libres de toda esa carga diaria, de visitas a una casa donde todo lo que tienen que hacer es jugar, o bien en la calle con todo el encanto de conocer o de estar con un niño simpático.

La cruda y satisfactoria realidad

Los adultos hacemos exactamente lo mismo. Llegamos a casa del trabajo frustrados, cansados y enojados. Sólo tenemos ganas de tumbarnos a ver la TV, y a veces cometemos el enorme error de no hablar con nuestra pareja ni hacer los deberes escolares con nuestros hijos. Pasa a diario, y en todos los hogares. En cambio, cuando nos juntamos a comer con amigos somos todo sonrisa y alegrías, ni siquiera recordamos el día largo y agotador que hemos tenido.

Es que con las amistades no estamos educando, ni trabajando, ni cumpliendo obligaciones, sino disfrutando y “jugando”, tal y como nuestro bebé hace con las visitas poco frecuentes y hasta con las personas a quienes acaba de conocer.

Claro que te gustaría que contigo fuera así de agradable, juguetón y tierno. Pero, si lo piensas bien, eres quien se está llevando el premio mayor. Cuando los demás se van, tú eres quien puede verlo dormir, quien se enorgullece de cualquier pequeño aprendizaje, y con quien compartirá todos sus grandes momentos de por vida. Y eso es retribución más que suficiente para algo tan pequeño como una sonrisa casual en la tienda o unos minutos de juego en una tarde de domingo.

"Somos más simpáticos y hasta más agradables con las personas que recién conocemos o a quienes vemos con menos regularidad."

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"Los adultos hacemos exactamente lo mismo. Llegamos del trabajo malhumorados, pero con nuestros amigos somos siempre simpáticos."