Consejos para organizar tu vida como emprendedor

Cómo conciliar tu vida personal y profesional

Te dediques a lo que te dediques, y sea cual sea tu situación laboral, conciliar tu vida personal con la profesional es una necesidad vital. Tienen que estar en equilibrio; si una no funciona, la otra queda coja y viceversa. Es más, es una de las definiciones de éxito para muchos hoy en día. Ese equilibrio nos da una estabilidad (sobre todo emocional) que nos permite dedicarnos a nuestro trabajo, nuestra familia y a nosotros mismos sin que el resto sufra o nos sintamos culpables por no atender una de éstas áreas.

Para las emprendedoras, el hecho de tener un negocio propio es lo que más se ajusta a un buen equilibrio de ambas, por la libertad que obtenemos, por organizar el tiempo que dedicamos a cada tarea, y porque además nos marcamos los objetivos económicos que deseamos para suplir nuestras necesidades y nuestros deseos. Un negocio propio nos permite elegir en cada momento qué es más conveniente hacer, aunque eso suponga ser conscientes de nuestras responsabilidades y compromisos al respecto.

El desafío de ser emprendedor

Ser un emprendedor no significa simplemente crear un negocio o que no haya nadie marcándonos las pautas de nuestro trabajo, es una actitud y una manera de vivir, no solo cuando trabajamos, sino en cada momento de nuestra vida. Las decisiones que tomamos marcan nuestro camino a cada paso.
Vamos a ser claros: ser emprendedor significa incertidumbre, tensión, superar obstáculos constantemente, pero aun así tiene muchas ventajas y el crecimiento que te representa es incalculable, aunque no se trata de sopesar pros y contras solo, sino de sentirlo y amarlo, es tu forma de vivir.

Tus proyectos se asemejan al proceso de ser madre (o padre), les dedicamos tantas horas, parte de nuestras vidas, que casi perdemos la noción del tiempo. Aunque tenemos que pensar siempre que nosotros NO somos nuestro proyecto, y nuestro proyecto NO es nosotros.  Hay que compaginarlo todo y aunque a veces te parezca que el día se hace corto, tiene 24 horas como para todo el mundo, sólo que cada uno elije en que las invierte.

Muchas veces que te pones el vestido de mama o de cualquier otra área te vienen ideas o apuntes sobre tu trabajo, no te pongas a darle vueltas ni te olvides de ellas, apunta la idea y el contexto en una libreta y guárdala para más tarde, siempre puedes volver a ella en otro momento sin dejar que te absorba todo el tiempo que no dedicas a trabajar. La ventaja de hacer algo que te gusta es que mientras otros lo ven como un agobio pensar en el trabajo, tu lo ves como algo motivador y satisfactorio, nos permite pensar en ello mientras estamos en la playa, en el cine o de paseo, lo ves como parte de tu vida y no te supone ningún problema dedicar tiempo a tu trabajo, eso sí es una gozada.

Cómo organizar tu vida como emprendedor

Compaginar trabajo y vida personal sin poner un límite puede resultar muy complicado, por ende veremos algunos consejos que te servirán para lograrlo:

Tener organización: Aunque a veces cuesta un poco, trata de organizar cada semana todas las tareas que tengas que hacer; cuanto más controlado esté todo, más podrás adaptar y flexibilizar imprevistos, terminar las tareas con éxito y dedicar un tiempo para cada cosa. Siempre hay que diferenciar lo urgente de lo importante, y no dejar que ninguna de las dos deje de lado la otra.

Saber priorizar: Aquí tenemos que tener en cuenta a qué le das más valor, cuáles son tus prioridades. Puedes hacer una lista para tus prioridades laborales, cosas que necesitas hacer en ese momento, día o semana, y paralelamente, otra para tus prioridades personales, para llevar a los niños al médico, reuniones familiares, de colegios, etc. Incluso dedica horas cada cierto tiempo a salir con tu pareja, con amigos o dar un paseo. Hay que sacar tiempo para todo.

Ley del 80/20: ¿Has oído hablar de la ley de pareto o de 80/20?. Muchos dedican jornadas larguísimas a sus trabajos, pensando que son más productivos, pero no es cierto. La ley dice que durante el 20% del tiempo tienes el 80% de efectividad y viceversa, el 80% restante, te supone el otro 20 % de rendimiento. ¿Qué significa eso? Pues que si estructuras tu tiempo de manera que tengas un cierto grado de productividad aceptable, no te hace falta dedicar tanto tiempo. Si, suena a: ¡Claro, la teoría está muy bien, pero eso no es posible!, o ¡Qué sabes tú sobre mi trabajo...!. Lo dicen los expertos en el tema y está más que comprobado que es así, así que si no lo crees quizás te convendría probarlo y extraer tus propias conclusiones.

Ser flexible: Aunque parezca que todo está muy medido, la capacidad de flexibilizar todas tus tareas te da margen para ajustar cada una de ellas cuando lo necesites; tampoco hay que tenerlo todo a rajatabla, pero tener el control te ayuda a distribuir tu tiempo.

Permitir ajustes: Este punto, aunque parece que solapa el anterior, no es desde el punto de vista de solo flexibilizar, sino que además de poder hacerlo, no debes sentirte mal o culpable por mezclar ambos, y más al principio, con la práctica y la repetición conseguirás tener un buen equilibrio de ambos.

Trabajar más inteligentemente: Tienes que marcarte un cierto tiempo para cada tarea. Seguro que estás pensando que hay cosas que no se pueden medir, aunque también es verdad que si no marcamos un límite pueden pasar horas y horas hasta que la des por finalizada. Incluso muchas veces si la dejas y vuelves en un tiempo, con la cabeza más fresca, puedes avanzar más que dando vueltas cuando estás saturada. Tienes que intentar ser lo más eficiente posible en el tiempo de que dispones.

Plantéate delegar tareas que a lo mejor no hace falta que hagas tú, y dedícate a lo que eres más productiva o a lo que solo puedas hacer tú (por ejemplo, delegar tareas domésticas, mientras disfrutas de tus hijos o "produces" en tu trabajo)

No buscar la perfección: A veces dedicamos demasiado tiempo a algo porque nos exigimos demasiado, y no hace falta que todo esté perfecto, tiene que estar bien. Dedicamos mucho tiempo a la perfección y en la mayoría de los casos no es necesario, o nunca llega porque no consideramos que esté suficientemente perfecto nunca (dedicando mucho tiempo y provocando malestar)

Más horas no significa ser más productivas: Trabajar excesivas horas no nos asegura una mayor efectividad en el trabajo. Se asocia la cantidad de horas con ser más productivo pero son cosas paralelas. Hay que establecer las horas necesarias e intentar trabajar el tiempo estipulado, dedicando el resto a otra tarea o a premiarte por haber terminado el trabajo a tiempo.

Lo que si hay que tener claro es que tus valores te guían y tus prioridades distribuyen el tiempo que dedicas a cada cosa. Al principio puede parecerte que es tarea difícil, pero si te planificas y eres constante lo acabarás consiguiendo. A veces nos empeñamos en tener demasiadas obligaciones y muchas cosas por hacer que no nos aportan nada, dedica tu tiempo a lo que tiene valor para ti, tus hijos, tu familia, tus amigos, tus proyectos, a TI. ¡Te lo agradecerás!

Sobre el autor: Cristina López, emprendedora, Coach Empresarial y Personal y Máster experta en Coaching. Está especializada en ayudar a mujeres emprendedoras y empresarias a superar sus bloqueos y limitaciones y obtener resultados para poder tener un negocio propio, rentable, viviendo de lo que les apasiona. Visita www.mentemprendedora.com para recibir su e-book gratuito así como artículos y estrategias que te ayuden en tu proyecto y en tu vida

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