Cómo hacer para que los niños duerman la siesta

Los niños y la siesta

En el momento de la siesta, muchos adultos desearían descansar un rato, pero muy posiblemente su trabajo se lo impida. En cambio, para los niños, más que un deseo, suele ser una tortura y eterna pelea con los padres.

La siesta es considerada por todos como un momento de descanso ideal para retomar fuerzas y poder continuar el día, aunque para los niños es de muy poca importancia. A medida que van creciendo, ese “sueñito” que realizaban luego de almorzar, cada vez les gusta menos, ya que a medida que son más grandes, encuentran más cosas por hacer o inventar.

Lo importante de todo esto es saber que las necesidades de nuestros niños pueden ir cambiando, y que si bien la siesta era muy beneficiosa en un momento, puede que con el avance de su edad ya no lo sea. A A medida que las necesidades de sus hijos van cambiando, lo padres deberán ver si es necesario seguir insistiendo con la siesta o eliminarla de sus rutinas diarias.

Pero, ¿cómo saber si hay que seguir insistiendo para que los niños duerman siesta?

Para ello debemos estar atento a sus actitudes. Por ejemplo, si el niño no quiere saber nada con dormir la siesta, pero unas horas más tarde se pone de mal humor, tiene mucho sueño y se queda dormido antes de la cena, habrá que persistir para que siga durmiendo. Por el contrario, si el niño duerme mucha siesta y cuando llega la noche se encuentra aún muy activo, o le cuesta conciliar el sueño nocturno, habrá que retirar la siesta de su rutina o hacerla más corta.

Si los niños tienen la rutina de dormir la siesta, aunque no quieran, si insistimos un poco lograremos que descansen, pero si el niño no está acostumbrado a este hábito y por alguna razón debe dormir, la situación se complicará un poco más. Para estos casos, van estos sencillos consejos que debemos aplicar con paciencia y constancia:

  • Armar una rutina: dormir a la misma hora, en el mismo lugar, etc.
  • Ambientar el lugar en donde se dormirá la siesta: cerrar las ventanas, en un ambiente de tranquilidad y silencio.
  • Que el niño no sepa que mientras duerme van a suceder actividades en las que le gustaría estar presente.

Que los niños duerman la siesta no es una misión imposible, pero hay que tener en cuenta que no puede ser la misma siesta la que realiza el niño cuando tiene 1 año, que cuando cuenta ya con 4 o 5 años. Y es muy probable que en algún momento de su crecimiento, este hábito desaparezca por completo... hasta que sean mayores y tengan sus propios hijos.

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