Cómo hacer el Frasco de la Calma

¿Qué es el Frasco de la Calma?

El Frasco de la Calma es una invención simplemente genial. Desarrollado por la Doctora María Montessori a principios del siglo XX, este elemento es parte de lo que se conoce como el Método Montessori que busca los caminos para educar a los niños mediante el afecto y el respeto, en lugar de tomar métodos convencionales que derivan en el castigo, en la limitación de las capacidades y en la estandarización de los pequeños.

¿En qué se basa el Método Montessori?

El Método creado por la Dra. Montessori propone que cada ser es un individuo con sus potenciales por ser descubiertos. Afirma que los métodos tradicionales de enseñanza limitan el conocimiento de la propia mente individual de los niños, y los estandariza en nociones académicas evaluables de un modo rígido, que nada tiene que ver con la exploración de las capacidades y del potencial de cada uno en sus propias aptitudes.

Cómo calmar a los niños con el método montessori. Método montessori: el frasco de la calma. Cómo crear el frasco de la calma para los niños

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Imagen 1. El Método de la Dra. Montessori propone una guía antes que una enseñanza, para acompañar a los pequeños en su etapa de desarrollo.

El Método propone una guía antes que una enseñanza, como forma de educación individual, orientada por profesionales experimentados en ciertas áreas, para acompañar a los pequeños en su etapa de exploración y desarrollo.

El frasco de la calma es una herramienta diseñada por la Dra. Montessori, que estimula a los niños a enfocarse en un medio de fluidos movimientos relajantes cuando estén sintiendo angustias, ira, frustración o cualquier tipo de emoción negativa. Pese a la simpleza de su fabricación, es un método extremadamente eficiente para calmar a los pequeños y distraer su atención, perdiéndose en el brillo, los colores y la belleza que se asemeja a la propia Naturaleza en un modo abstracto.

¿Cómo hacer el frasco?

Es muy simple. Necesitas un frasco de conservas de vidrio incoloro de 1/2 Kg. de capacidad, aunque puedes usar uno más pequeño e incluso uno de plástico incoloro, para estar seguros de que no haya peligro en caso de que a tu niño o niña se le caiga de las manos. Límpialo, quítale las etiquetas y restos de adhesivos, y verifica que la tapa a rosca tenga buen cierre.

Por otro lado, necesitarás agua caliente, pegamento escolar incoloro con brillos, purpurina o glitter (no brillantina común, pues suele descolorarse al contacto con el agua en algunas marcas), cualquier shampoo incoloro, y colorante alimenticio. Para sellar la tapa a su sitio y dar mayor seguridad a tu recipiente, puedes usar cinta de teflón, adhesivo o simplemente silicona caliente.

Con el frasco bien limpio, vierte agua caliente dejando sólo dos o tres centímetros libres de capacidad. Agrega tres a cuatro cucharadas de cola con brillos y una a dos cucharadas de purpurina. Puedes personalizar tu frasco agregando corazones, estrellas u otras figuras elaboradas en plástico, ya sea común o el reactivo a la luz, para que no se disuelvan en el agua, como cuentas, una canica de vidrio u otras. Si quieres dar más color, disuelve en el agua una a tres gotas del colorante vegetal del tono que tu pequeño prefiera.

Finalmente, agrega dos a tres cucharadas del shampoo incoloro, revuelve para mezclar y pon la tapa sin sellar. Verifica cómo es el movimiento de la purpurina en el agua: si notas que es demasiado veloz o si se va al fondo, agrega más shampoo. Si notas que la purpurina no se mueve, retira un poco del material y agrega más agua. Cuando tengas una densidad que te agrade, que sea suave y atrapante, sella la tapa colocando un poco de silicona caliente u otro adhesivo.

¿Cómo se usa?

Cuando tu hijo o hija esté a punto de tener una rabieta, cuando se sienta triste, ansioso o frustrado, dale el frasco de la calma. Pídele que lo tome con ambas manos, y que lo sujete frente a sus ojos, moviéndolo, volteándolo, simplemente observando cómo se mueve la purpurina allí dentro. Si tu hijo es aún un bebé, puedes sujetar tú el frasco frente a sus ojos, y moverlo para capturar su atención.

Es bueno que el uso de este elemento se acompañe de una habitación tranquila, sin ruidos estridentes y con iluminación natural, o luz artificial tenue si es de noche. No necesitas hablarle ni tampoco pedirle que hable: sólo debe perderse en este movimiento brillante hasta recobrar la tranquilidad.

Recuerda que el Frasco de la Calma no es un castigo, sino un medio para recuperar la calma y hacerse más consciente del propio estado y del propio ritmo de la respiración. En tu hijo funcionará de un modo muy similar al de la meditación, con un estímulo visual muy atractivo que disfrutará de inmediato, y cuyos efectos positivos acumulará a largo plazo.

Después de su uso, tu hijo podrá comunicarse mejor, explicar el enfoque de sus emociones negativas, o simplemente seguir adelante con sus propias actividades sin regaños, sin palabras agresivas, y con nada más que respeto, que son las bases fundamentales del Método Montessori.

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