Cómo actuar ante la curiosidad de nuestros hijos

Curiosidad en los niños

Alrededor de los 2 ½ años los niños comienzan con una etapa bastante temida por los padres, la etapa de los ¿Por qué? Esto ocurre, porque a esta edad los niños comienzan a interesarse por el mundo que se encuentra a su alrededor, y se despiertan sus ansias de saber.

Los niños comienzan a jugar con el preguntar  y con las repuestas que reciben, no olvidemos que a esta edad los niños aprenden jugando. Sus preguntas serán insistentes y constantes, hasta que les demos alguna repuesta satisfactoria.

Esta etapa se presenta en todos los niños, un poco antes, un poco después, pero en algún momento hará su aparición de manera totalmente espontánea. En muchas ocasiones dichas preguntas provocan cierta angustia en los padres, porque no saben como ni que contestarles. Lo primero, es destacar que siempre debemos conservar la calma (ante cualquier tipo de pregunta) y que simplemente el niño está tratando de comprender el mundo que lo rodea. Sus preguntas solo están realizadas en base a su inocente curiosidad.

Para contestarlas, podemos tratar de recordar las siguientes pautas y seguramente saldremos airosos de este momento.

Como actuar ante los "porqué" de nuestros hijos

Dar importancia. Darle la importancia necesaria, tanto al niño como a su pregunta. Es realmente de vital importancia que el niño no sienta que estamos dándole poca importancia o subestimando su pregunta o a él mismo. El niño solo quiere aprender, conocer, saber, ir creciendo. Todas las preguntas que realiza son herramientas esenciales para un desarrollo adecuado. Además, si le prestamos la atención necesaria en esos momentos, se sentirán escuchados, contenidos y por sobre todo, amados.

Edad. Tener en cuenta la edad del niño que pregunta, ya que debemos responder de acuerdo a la capacidad de entendimiento del niño, utilizando un vocabulario adecuado y ejemplos sencillos de comprender.

Responder. Responder lo que el niño pregunta y no irnos “por la tangente”, evadir las respuestas no es una gran muestra de madurez por parte del adulto. Además, seguramente el niño, al no ver satisfecha su inquietud, volverá a repetirnos su pregunta. Por lo que recomendamos responder a su pregunta sin vacilaciones ni rodeos.

Es importante, que la persona sepa diferenciar lo que el niño puede y no puede saber y lo quede y no puede entender aún.

Si no tenemos repuesta a su pregunta, lo mejor es decir “no se”. Ese “no se” nos hace ver como personas capaces de asumir sus propias limitaciones.

Luego del “no se”, explicarles que lo averiguará para poder satisfacer su curiosidad o mejor aún, los dos juntos pueden buscar la repuesta. Esto hará sentir al niño que se lo tiene en cuenta y que su pregunta es tan importante para nosotros como para él.

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