Un truco original para reducir el consumo de agua

Te enseñamos un método simple que te ayudará a reducir el consumo de agua al lavar la vajilla de tu cocina.

Buen truco para reducir el consumo de agua

Truco para reducir el consumo de agua

¿Ya estás cansado de malgastar y desperdiciar el agua en el lavado de los trastos, pero no tienes idea de cómo evitarlo? Muchas personas que piensan como tú llegan –erróneamente- a la conclusión de que comprar una gran máquina lavavajillas es un recurso genial para ahorrar agua, aprovechando el funcionamiento ‘inteligente’ que estos artefactos prometen. Y lo cierto es que puede ser el caso, pero sólo en algunas (y contadas) situaciones.

Cuándo usar la lavavajillas

Cuando recibes amigos en casa, o has tenido un encuentro social (una reunión de vecindario, una noche de fútbol en la TV a la que asistieron todos tus amigos o lo que sea), tendrás una buena cantidad de trastos por lavar. También si tienes una familia muy numerosa que almuerza y cena en casa a diario, entonces sabrás que lavar la vajilla a mano pareciera llevarte una eternidad… sin mencionar que es como si nunca terminaras de lavar la vajilla.

En estos casos, tener suficientes platos, vasos, cubiertos y más te permitiría aprovechar la lavadora. Por la noche, y siempre antes verificando que esté a su máximo de capacidad, activa el aparato y déjalo funcionando cuando te vas a dormir. Por la mañana tu cocina estará impía, los trastos lavados, y sin haberte pasado el día entero enjabonando y enjuagando una cosa tras otra.

Un buen truco para reducir el consumo de agua

Si tu familia es pequeña, si vives solo o en pareja, o si no se suele almorzar o comer en casa y no se acumulan demasiados trastos, entonces tener la lavavajillas sería simplemente un gasto de dinero. Activar el aparato sin que esté al máximo de su capacidad no sólo bota por la borda la “inteligencia” en el consumo del agua, sino también en el de electricidad. En estos casos, tenemos una genial idea para proponerte, que te encantará aplicar en casa.

Para ponerla en práctica necesitas tener una cubeta, una gran olla, un balde espacioso o cualquier contenedor lo suficientemente grande que puedas poner junto al fregadero. Si tienes un escurridor de vajilla sobre el otro espacio del fregadero (por ejemplo, lavas en el hueco de la derecha y dejas escurrir del lado izquierdo), pon este contenedor en la encimera, a la derecha del fregadero. Por la mañana, llena la cubeta con agua del grifo (hasta unos 3/4 de su capacidad) y déjala allí. A lo largo del día, conforme vayas usando y ensuciando la vajilla, cubertería, cristalería o lo que sea, elimina los residuos sólidos en el bote de la basura y pon el elemento sucio dentro del agua.

Por la noche (y seamos sinceros aquí: ¡incluso cada dos noches!) ya tendrás vajilla sucia suficiente para llenar la lavavajillas, o mejor aún: para asearla a mano, reduciendo el consumo. Ve tomando las piezas una a una, y enjabónalas con la esponja, dejándolas llenas de espuma en el fregadero. Cuando ya hayas enjabonado todo, recién entonces abre el grifo y enjuaga directamente sobre el fregadero, para aprovechar el agua que escurre entre los elementos.

De esta manera, no desperdiciarás agua en remojar y enjuagar las piezas de a una, evitarás el gasto eléctrico del lavavajillas y lo mejor de todo: puedes incluso reutilizar el agua del remojo de la batea para regar tiestos y canteros. ¡Es frugal a la vez que responsable con el entorno y el uso de los recursos!

"Activar el aparato sin que esté al máximo de su capacidad no sólo bota por la borda la “inteligencia” en el consumo del agua, sino también en el de electricidad."

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"Recuerda que puedes reutilizar el agua del remojo de la batea para regar tiestos y canteros."