¿Qué es el Síndrome del Tercer Hombre?

Conociendo el Síndrome Del Tercer Hombre

El Síndrome del tercer hombre es el término por el que se identifica a una experiencia muy habitual en el mundo entero, y a lo largo de la historia de la humanidad: la sensación, a veces hasta la visualización, de un ser que no está realmente allí, lo que muchos denominan como “un holograma”. Se lo utilizó a partir de la difusión de una experiencia anecdótica de un afamado explorador de la Antártida, a principios del siglo XX. Sigue leyendo y descubre de qué se trata.

¿Un hombre extra en la exploración?

En el año 1917, el explorador Ernest Shackleton y dos compañeros sufrieron todo tipo de percances al intentar identificar las tierras misteriosas de la Antártida. Perdidos y fatigados, vagaban casi sin rumbo intentando recibir asilo de una estación ballenera británica, único punto de referencia probable del que podían depender para su subsistencia.

Sindrome del tercer hombre, realidad o ficcion? conoce de qué se trata el sindrome del tercer hombre

© Depositphotos.com/Alekuwka

Imagen 1. Muchas mujeres experimentan presencias, principalmente de madres y abuelas fallecidas, a lo largo del embarazo.

Sin equipos, alimentos ni agua, los hombres viajaron hacia este rumbo esperado, y en el peor momento de su travesía fue que Shackleton percibió la presencia de un cuarto hombre en la travesía: el tercero de sus acompañantes, un ser que le daba aliento, que lo reconfortaba, que le daba esperanzas y contención. Sin mencionarlo, al llegar a asilo esperado, mantuvo este secreto durante años hasta revelarlo en una entrevista… sólo para descubrir que sus dos compañeros también habían experimentado esa presencia.

Había nacido la interrogante sobre esa presencia. Había nacido la teoría entonces llamada “el factor del tercer hombre”.

¿Realidad o ficción?

A partir de esta revelación del explorador, se ha reportado numerosos casos de emergencias y situaciones de supervivencia en  que los actores experimentan la presencia de un ser no siempre visible, a veces descripto como un “holograma” o como un “ser de luz”, translúcido. A menudo se informa que los supervivientes escuchan la voz, y hasta sienten empujones que los ayudan cuando no logran escalar hacia la subsistencia. Todos los casos reportan la grata sensación de confort, compañía, amor y seguridad de estos seres.

Pero más allá de las situaciones que amenazan a vida, hoy es cada vez más frecuente que las personas regulares, en situaciones regulares, sientan con frecuencia una compañía que no está allí. En especial en los tiempos de duelo, ante penurias y depresiones y en otras emociones negativas y solitarias, muchas personas se sienten acompañadas, sienten caricias en su piel, palmadas en la espalda, oyen la voz del ser amado ausente, escuchan sus consejos o su risa, tienen una repetida sensación de compañía. Se llama a esto el Síndrome del Tercer Hombre.

Lo cierto es que no hay aún una explicación científica para este fenómeno. Al igual que los ángeles y los espíritus (o el alma), no hay evidencia científica rígida, pero tampoco hay pruebas de lo contrario. Vale decir: no se puede comprobar determinantemente que los espíritus existen, ni que no existen.

Por eso, quienes rechazan estos conceptos afirman que esos estímulos (visual, táctil, olfativo y sonoro) se tratan de proyecciones y engaños que la mente de la persona se juega a sí misma.  Muchos artistas, creadores y profesionales dicen con toda convicción que encuentran la inspiración y la respuesta a sus necesidades cuando “alguien” se lo suspira al oído, y numerosos médicos del mundo entero han admitido conocer el paso de acción, el que les permite salvar una vida, cuando alguien se lo ha susurrado al oído, lo que muchos identifican a partir de su fe y sus creencias, y otros los adjudican a sus propios conocimientos que hallan ese modo de hacerse evidentes. Y la ciencia puede acompañar esa idea o, mejor dicho, no puede negarla. 

Por otro lado, hay quienes afirman con vehemencia que ese tercer hombre es el alma de un ser querido fallecido, otros creen fuertemente que son los ángeles de la guarda, y otros afirman que se trata de Dios o del Ser Supremo que los acompaña. Muchos han identificado a estos seres con las  formas reconocidas de santos y vírgenes, y otros afirman que son las energías positivas de personas vivas (pero físicamente ausentes en el lugar) que se trasladan para acompañar y animar a quienes lo necesitan.

Sea lo que sea, quienes han experimentado estas presencias bien saben que no hay ciencia ni teoría que pueda negar la sensación de compañía en momentos de necesidad, de penas, de soledad o hasta de subsistencia, que bien conocen quienes se identifiquen con el Síndrome del Tercer Hombre y con estas compañías, a menudo invisibles.

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