Pierde el Miedo a Hacer el Ridículo

Cómo Perderle el Miedo al Qué Dirán

El miedo a hacer el ridículo, a que se burlen de nosotros o a no encajar es uno de los principales frenos que nos imponemos a nosotros mismos, privándonos de divertirnos, de participar, de expresarnos en todo nuestro potencial.

Vencer el miedo al qué dirán, a quedar “mal” en público no es algo inmediato, pero sí posible. Aquí te contamos algunas buenas técnicas que podrás implementar, a tu propio ritmo y según la situación en la que estés.

Lo que te pierdes por miedo a hacer el ridículo

Este temor te frena de divertirte, de participar, de ser parte del equipo o de hacer lo que te gusta. Piensa, a lo largo de tu vida adulta, todas las cosas que dejaste de hacer por vergüenza. Cuántos bailes no bailaste, cuantos disfraces y maquillajes artísticos no probaste en los eventos familiares, cuántas opiniones astutas reservaste para ti mismo por temor al “qué dirán”, a que tus bromas no fueran comprendidas,  o a lo que sea.

Claves para evitar el miedo a hacer el ridículo. Evitar el miedo a quedar mal. Aprende cómo evitar el temor a hacer el ridículo

© Depositphotos.com/Shootoutloud

Imagen 1. Los niños saben ser fieles a sí mismos, y no causan burlas ni risas, sino admiración.

Ahora piensa; cuando eras pequeño te animabas a hacer muchas más cosas. Es algo bastante simple: los niños no han experimentado aún el pudor y la burla a la que los adultos tememos tanto. La desconocen y, por ello, no temen vestir como superhéroes para ir a la escuela o con capas y tacones de princesa para ir a la tienda. Peor aún para nosotros: cuando lo hace no sólo no reciben esas burlas, sino que, gracias a la sinceridad de los más pequeñitos, causan gran admiración entre sus pares. El miedo al qué dirán no existe en la primera infancia, y eso es prueba suficiente de que no pertenece a nuestra naturaleza y, con eso, que puedes vencer ese temor  y vivir con la plenitud de una criatura de 4 años de edad.

La importancia de vencer este temor

Deja de lado tus miedos, tus incertidumbres y tu preocupación por el qué dirán, al menos algunos minutos por día. Una vez que logres el primer avance y que notes que aunque hayas "hecho el ridículo" no te has convertido en un paria social ni mucho menos, podrás seguir adelante en tu recorrido hacia una vida mucho más feliz.

Recuerda que no eres perfecto, quizás tampoco un referente en tu comunidad, ni eres una especie de Dios que todo lo puede. Eres un ser humano imperfecto, susceptible, emocional, y necesitas comprenderlo para perder el temor al qué dirán. Comprende que equivocarnos es una de las mejores maneras que tenemos para aprender.

Todos tenemos aciertos y errores, comentarios que serán aceptados en algunos sitios y despreciados en otros. No temas hacer el ridículo: hazlo. Anímate a ser tú mismo en cualquier ambiente, sé fiel a tus creencias y a tus opiniones, y te sorprenderás de notar que las reacciones a tu alrededor serán de inspiración y agasajo, en lugar de motivos para que te aparten.

Acepta que los demás también tienen ese temor, y aprende de quienes sí usan su voz, bailan, juegan con sus hijos, se besan en público, hacen bromas inocentes hasta en los círculos más estrictos. No sólo quienes sobresalen pueden interactuar. Hasta el gran Mahatma Gandhi no temía vestir con prendas chistosas ni ponerse sombreros graciosos cuando su intención era la de elevar el humor de los niños y los enfermos.

No temas hacer lo que tu corazón puro te lleve a hacer, así sea para hacer sonreír a alguien a quien amas o que lo necesita. Nunca temas ser quien eres en tu corazón, ni dejes que el temor te impida compartir, divertirte y ser feliz. Críticas siempre habrá. Risas también. Agrado y desagrado al mismo tiempo. Hacer el ridículo puede hacer feliz a alguien, o puede hacerte pasar un momento de maravillas que ni la más dura de las objeciones ajenas te quitarán de tu corazón.

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