Meditación para Dormir

Cómo meditar para dormir mejor

Una buena noche de sueño y descanso reparador es fundamental para el bienestar, para la belleza, y para la felicidad. Pasar la noche en vela o tener un sueño liviano e interrumpido significa un cuerpo cansado por la mañana, una mente agobiada que no logró desconectarse del día anterior, un humor alterado.

Por fortuna, podemos hacer mucho para ayudarnos a conciliar el mejor descanso: comer liviano, regular la temperatura de la habitación, evitar la cafeína y otros estimulantes, tomar una ducha caliente... y meditar.

Meditación para conciliar el sueño

La meditación para dormir es una grandiosa manera de ayudar a la mente a relajarse, a despojarse de todas las emociones de la jornada y lograr reposar en las mejores condiciones.

Al finalizar el día, luego de una ducha caliente, viste con un atuendo liviano y vete directo a acostar. No enciendas la TV; si necesitas sonidos, prueba con una máquina de ruido blanco o con música suave, sin voces sino sólo instrumental. Si deseas distraerte, lee unas páginas de tu libro hasta que sientas los ojos algo pesados. Es allí cuando debes comenzar la meditación.

Apaga la luz y ponte en una posición confortable, acostado de lado o boca arriba. Sólo cierra los ojos y respira lenta y profundamente. Inspira hasta llenar tus pulmones, mantén el aire allí por dos segundos, luego exhala también por la nariz, y deja los pulmones vacíos por dos segundos antes de repetir el ciclo. Hazlo unas tres veces cómo mínimo, o cuantas necesites para relajarte completamente.

Observa tu cuerpo mientras respiras: escucha el sonido que hace el aire al entrar a tus pulmones, nota cómo late tu corazón. Despoja la mente de ideas y pensamientos, sólo concéntrate en el sonido de tu respiración.
Con los ojos cerrados, observa tu tercer ojo, que es el punto apenas por encima de la línea de las cejas y entre ellas. Imagina que allí hay un punto brillante, y obsérvalo desde tus adentros mientras sigues respirando.

Mientras observas tu tercer ojo, comienza a visualizar tu cuerpo. Empieza con los pies, el pie derecho. Siéntelo, percibe su energía, concéntrate en sus músculos. Muévelo o contráelo si quieres, y libéralo. Prosigue con tu pantorrilla derecha, tu rodilla, tu muslo derecho, la parte derecha de tu cadera, paso a paso, y luego haz lo mismo con toda tu pierna izquierda.

Sigue con tu vientre, tu espalda baja, la espalda alta, pectorales, hombros, brazos, codos, antebrazos, manos, cada uno de tus dedos. Finaliza sintiendo toda tu cabeza, su peso, su energía, tomándote todo el tiempo del mundo para relajar cada sector de tu cuerpo entero.

Si aún no logras dormir...

Visualiza una luz brillante de color lila que baja desde el mismo cielo, mientras otra sale desde la tierra. Nota cómo estos rayos de luz viva ingresan a tu cuerpo: uno a través de tu tercer ojo, y el otro a través de las plantas de tus pies. Nota cómo van llenando tu cuerpo, dejándolo brillante, puro, libre de angustias y sólo lleno de amor. Siente cómo tu cuerpo se hace más liviano con esta luz, mientras sigues observando tu tercer ojo.

Disfruta de esta sensación hasta haber conciliado el más reparador de los sueños, para despertar por la mañana con nuevas energías y vitalidad.

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