Cómo hacer una rutina de belleza con sal

Belleza y sal van de la mano

La sal es un complemento ideal para rutinas de belleza. Logra exfoliar nuestra piel y nuestro cuerpo, y también puede lograr una suerte de efecto tensionador (lifting) para distintas áreas. Aprendamos una rutina de belleza que utiliza la sal gruesa para lograr una apariencia más bella, joven y lozana.

Cómo utilizar la sal para la belleza de nuestra piel

Para hacer esta rutina de belleza con sal, primero debes limpiar tu piel. Puedes tomar una ducha o limpiar la piel con paños húmedos, para retirar la suciedad y el excedo de grasitud. Luego, viste con ropa interior o, simplemente, desnúdate para llevar a cabo esta rutina.

Con los dedos, o bien con un papel tissue o una bola de suave algodón, frota toda tu piel con un poco de aceite de jojoba. Mientras lo aplicas, ve haciendo suaves masajes relajantes, aplicando un poco de presión en movimientos circulares. Tu piel debería quedar con una apariencia apenas oleosa.

En un bol o contenedor, mezcla cuatro cucharadas soperas de sal gruesa (o entrefina, parrillera o marina) con una cucharada de aceite de oliva extra virgen. Mézclalos para integrar. Esta solución hará las veces de exfoliante.

Con los dedos, ve aplicando la solución por toda tu piel, por todo el cuerpo, en suaves movimientos circulares. Cuidado con la presión ejercida: recuerda que la sal es sumamente astringente, y sus cristales podrían rozar demasiado tu piel, causando enrojecimiento y dolor. La presión debe ser sutil y gentil, para exfoliar la piel (retirando suciedades y células muertas), sin causar dolor o malestar alguno.

Mientras el compuesto acciona sobre tu piel, puedes complementar esta rutina de belleza con guantes exfoliantes suaves. Colócatelos en ambas manos, y ve haciendo movimientos suaves, circulares, de mayor dimensión. Esto, además de propiciar una mejor exfoliación, resultará masajeante y relajante. Recuerda finalizar con movimientos lineales, ascendentes, para propiciar el efecto lifting del compuesto.

Luego, finaliza la rutina retirando la sal con un paño húmedo en agua tibia. Una vez retirados los cristales, puedes tomar una ducha delicada, sin usar jabón, o solamente empleando un jabón neutro, para no deteriorar el efecto logrado. Sécate con una toalla muy suave, dando golpecitos delicados y sin frotar, para no irritar tu piel.

Finaliza esta rutina de belleza a base de sal, una vez con el cuerpo seco, aplicando una crema hidratante y nutritiva para el cuerpo y el rostro. En lo posible, elige una crema a base de centella asiática o de cafeína, o una mezcla de ambas. Notarás una piel mucho más tersa, blanquecina y lozana, usando elementos tan cotidianos como la sal y el aceite de olivos.

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