¿Es bueno consumir antiinflamatorios?

La verdad sobre los antiinflamatorios

Accidentalmente sufriste un golpe o una torcedura, y la zona comienza a inflamarse. Corres hacia el botiquín y tomas el antiinflamatorio de más amplio espectro que encuentras para reducir la inflamación y, en lo posible, eliminar el dolor.

Todos los días nos dejamos llevar por los comerciales televisivos y las gráficas en las revistas sobre antiinflamatorios de venta libre que prometen acabar con los dolores generales, menstruales, incluso que combinan propiedades analgésicas, en una amplia línea de productos de alto costo. Todo nos dice que debemos consumir más y más antiinflamatorios, casi a diario, y esto no hace más que evitar que nuestro cuerpo realice sus propias acciones de curación natural.

La inflamación es necesaria

Cuando el cuerpo desarrolla una inflamación, lo hace como medida de prevención. Al igual que aparece en la piel una ampolla cuando te quemas: es la manera en la que el organismo aísla la zona afectada para permitir la acción de los agentes curativos propios. Cuando sufres una torcedura o golpe, la zona se inflama para aislar y fijar el sitio afectado, y tomar una antiinflamatorio no hace más que retirar esta barrera de protección impuesta por el mismo cuerpo.

Los antiinflamatorios, además, enmascaran síntomas necesarios para la correcta diagnosis de serias condiciones de salud. Por ejemplo, ante el mínimo dolor de espaldas recurrimos a un antiinflamatorio analgésico, cuando en verdad lo apropiado sería analizar el síntoma (el dolor, su ubicación) para conocer la fuente o raíz del dolor, permitiendo que el profesional de la salud consultado sea capaz de determinar el mejor tratamiento para la condición.

¿Por qué no hay que frenar la inflamación y el dolor?

Como vimos, la inflamación es un proceso necesario para que el cuerpo se cure a sí mismo. Si estás caminando y tuerces tu tobillo, éste se inflama. El dolor y la molestia te llevan a la más sabia decisión para la recuperación: quitarte el calzado y reposar el pie en alto, aplicar frío y calor, y dejar que el cuerpo se recupere. Pero si tomas antiinflamatorios y analgésicos, enmascaras el dolor y la inflamación, las ocultas y haces desaparecer, y sigues adelante con tu caminata. Esto no hace sino empeorar la condición: no sólo evita la curación, sino que también te pone a un mayor riesgo de sufrir una nueva lesión, o de aumentar la existente.

¿Qué hacer ante una inflamación?

Ante dolor e inflamación, lo primero es retirar las prendas y lo que pueda causar molestias al presionar la zona. Debemos permitir la inflamación y soportarla de la mejor manera posible, hasta tanto se normalice y podamos acudir al médico.

Mientras, lleva la zona afectada al reposo absoluto, de preferencia a nivel de la línea cardíaca (al nivel del corazón) o apenas más abajo, nunca arriba ni abajo de todo, permitiendo así una mejor circulación sanguínea. Recuerda que la sangre es la carretera por la que viajan los médicos autógenos del cuerpo.

Para aliviar el dolor y reducir la inflamación a niveles soportables, sin eliminarla por completo, acude a los tratamientos caseros de frío y calor. Primero aplica una bolsa de frío (gel, hielo, lo que sea sin que golpee la zona como lo haría el agua fría del grifo) por unos 20 minutos. Luego, reemplaza la bolsa de frío por la bolsa de calor: esto ayudará a relajar los músculos y a permitir una mejor circulación sanguínea. Continúa alternando las temperaturas cada diez a veinte minutos, hasta notar que el dolor se desvanece.

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