Cómo decorar una casa de campo

Cómo decorar una casa de estilo rústico

Calidez, hogar, intimidad, un fuego abrazador en la chimenea. La imagen sólo puede describir un estilo decorativo especial: las casas de campo. También conocido como estilo "rústico", "country" o "campestre", estos hogares se decoran mayormente con materiales naturales, entremezclados con la solidez del hierro y los metales.

Materiales para decorar una casa de campo

Los materiales elegidos para la decoración rústica son simples de interpretar: madera natural o lavada, barnizada o patinada en tonos siempre claros, piedras naturales y piedras laja, y detalles de hierro fundido que hacen a la solidez de las estructuras con su presencia.

En las decoraciones rústicas no puede faltar la vida, con plantas verdes o con flores, y en lo posible un árbol. En pisos y sitios donde no se pueda cultivar, no faltarán las hierbas aromáticas en pequeñas macetas, en la zona de la cocina, y las plantas decorativas de interior en balcones y ventanas, donde puedan recibir el sol.

El clásico hogar a leñas

Las casas de campo aportan una sensación inigualable de descanso, de salirse de la rutina y entregarse a la relajación y a la calidez del hogar. Es casi imposible imaginarnos una casa de este tipo sin un hogar a leñas, aunque esto puede ser difícil en viviendas ya construidas y en pisos con construcción superior, en los que no podamos incorporarlo. Pero hay una solución para ello. Se trata de crear un falso hogar, a partir de placas de yeso de construcción en seco, recubiertas con piedra y cemento, en esa apariencia indiscutible de las montañas y los sitios lejanos.

Dentro de la cavidad del falso hogar a leños se puede instalar un sistema de calefacción de troncos modelados en cerámicos y otros materiales, alimentado a gas. Es un recurso de calefacción y de estética muy utilizado en la década de 1960 y hasta 1990, que hoy no ha pasado de moda.

Colores y texturas del estilo rústico

Los colores son siempre en relación a la naturaleza: los rojos, naranjas y amarillos del otoño, los cafés y verdes del bosque y, dependiendo del gusto de los ocupantes, el azul y el blanco de los lagos, en tonos más bien claros. Los colores más oscuros, negro y gris, provienen del uso de metales y hierro en herrajes, tiradores, y elementos como el atizador de la chimenea o los cuencos de hierro fundido en la cocina. Son un complemento ideal para colocar dentro las plantas vivas, sean reales o modelados en masas asemejándose a los viejos cuencos de hierro labrado.

Finalmente, las texturas siempre son naturales, algo rústicas en apariencia. La lana, la piel natural (mejor si es artificial, pero de aspecto natural) y los hilados de telar en piso, mantas de sofás, camas y en los pisos, son infaltables en este estilo.
El decorado de las paredes, por ejemplo, reemplaza las pinturas y fotografías por telares y telas pintadas, tejidos a mano y elementos naturales incrustados.

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