Cuando la realidad se confunde con fantasía

Distinguir la realidad de la fantasía

En una sociedad donde cada vez avanza más la tecnología y, por ende, el tipo y cantidad de estimulación que recibimos, la línea entre realidad y fantasía se vuelve difusa a medida que nos adentramos más y más en ella. Esta estimulación incluye la facilidad con la que nos relacionamos con los demás, cargando todavía más nuestra mente de datos. Los sueños se convierten en reflejo de nuestras inquietudes, y es aquí donde radica la trampa para que confundamos la realidad con la fantasía.

Soñando despiertos

Si alguna vez has vivido esta situación sabras hasta qué punto puede ser angustiosa. Cuando soñamos habitualmente añadimos elementos de nuestra vida, ya sea de forma sutil o directamente, a las visiones de nuestros sueños. Mientras las pesadillas son más directas, las situaciones cotidianas que nos preocupan son las que alterarán nuestra percepción. Son en ellas donde encontraremos la fuente de nuestros problemas.

Un sueño puede arrastrarse durante muchas horas después de despertarnos. El contenido fuertemente cargado emocionalmente hará que le demos vueltas sin parar en nuestra cabeza, haciendo que rellenemos los huecos en la historia con nuestros propios recuerdos y pensamientos en ese momento. Solo tenemos que imaginarnos la típica situación en la que nos despertamos habiendo soñado con una persona que, aparentemente, nos atrae y con la que hay posibilidades. Si no paramos de pensar en lo ocurrido, en el sueño acabaremos convirtiéndolo en una tórrida historia de amor, haciendo que a su vez aparezca más en nuestras noches y nos acabe afectando a nuestro comportamiento diario.

Emociones que nos hacen ver cosas que no son

Sin necesidad de entrar en aspectos de ilusiones o efectos ópticos, cuando estamos alterados emocionalmente comenzamos a ver elementos irreales como si fuesen auténticos. Nos referimos a cosas habituales hoy en día, como mirar cada pocos minutos al "sentir" la vibración, escuchar risas en las personas que nos rodean en grupo cuando nos sentimos vulnerables, o creer incluso teorías conspirativas sobre el control que la tecnología ejerce sobre nuestra vida.

Es en estos casos donde más esfuerzo debemos hacer en detener toda idea y conducta que se salga de la lógica. No necesitamos mirar el móvil sin parar realmente, al igual que nos debe dar igual si alguien se fija en nosotros o no.

La mente humana tiene muchos caminos para ahorrar trabajo en la percepción y el razonamiento, y es ahí donde la línea entre realidad y fantasía más se pierde. Mantener las ideas claras y concienciarnos en ver todo con calma nos ayudará a volver a marcar con claridad la distinción, permitiéndonos a la vez comprender mejor todo lo que nos rodea.

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