Creencias para Adivinar el Sexo del Bebé

Creencias Populares para Adivinar el Sexo del Bebé

Con tanta tecnología a nuestro alcance hoy, nos parece casi una locura lo que las matronas, abuelas y personas comunes hacían hace pocos años para adivinar el sexo del bebé. Algunas de estas creencias populares persisten hasta nuestros tiempos, y son observadas con atención por los curiosos que intentan definir, sin análisis ni instrumentos, si tendrás un niño o una niña.

Aquí te contamos algunas de las más alocadas creencias que intentaban, hasta hace pocos años, saber el sexo del bebé.

Adivinar el sexo del bebé mirando a la mamá

Las abuelas intentaban adivinar el sexo del bebé simplemente observando a la futura madre. No sólo a su barriguita creciente, sino a todo su cuerpo. Decían, por ejemplo, que si la piel de mamá estaba tersa, suave y libre de imperfecciones, estaría pronta la llegada al mundo de una niña, mientras que si se brotaba con acné, el que venía en camino era un hombrecito.

Cómo descubrir si será niña o niño. Formas divertidad de adivinar el sexo del bebé. Cómo saber si el bebé será varon o niña

© Depositphotos.com/STYLEPICS

Imagen 1. ¿Siempre preferiste lo dulce y en el embarazo se te antoja comer salado? Dicen las abuelas que esperas a un niño.

Por otro lado, se dice que si la futura mamá tiene el cabello opaco, más fino y poco atractivo, está esperando una niña, mientras que un cabello brillante, sedoso y atractivo es señal de la llegada de un varón. En ese aspecto, una creencia fuertemente arraigada es descubrir el sexo del bebé analizando la belleza, pues “las niñas se roban la belleza de sus madres” durante el embarazo.

También se afirmaba con determinación que si la embarazada sufría de náuseas matutinas (todo el día, en verdad) durante las primeras 12 semanas, pronunciadas y poco tolerables, estaba esperando un varón, pero si casi no tenía náuseas, se trataba de una niña.

Y hablando de comidas, las abuelas intentaban adivinar el sexo del bebé observando las preferencias de la mujer encinta: una predilección por los sabores dulces evidenciaba la pronta llegada de una princesa, mientras que la preferencia por las comidas saladas y los sabores ácidos o amargos auguraba el arribo de un pequeño príncipe. Y no era poco frecuente un análisis menos habitual: se daba a comer a la futura mamá un diente de ajo: si no tenía mal aliento luego, estaba esperando a una pequeña.

Adivinar el sexo del bebé observando la barriga

El vientre de la futura mamá es otro de los enfoques de atención de quienes intentan adivinar el sexo del bebé con creencias populares añosas. Se dice que los varones están más ansiosos por llegar al mundo, mientras que las mujeres se toman su tiempo en “prepararse para salir”, hecho que muchos hombres defienden al día de hoy, y no sólo refiriéndose a las recién nacidas. Por eso, una vieja creencia dice que si el vientre apunta hacia abajo y se forma en pico hacia afuera, estás esperando un niño, pero si la barriga está alta y bien redondeada, esperas a una niña.

La cintura también es uno de los elementos a analizar para saber el sexo del bebé. La creencia popular afirma que, si miras a la futura mamá de espaldas, una cintura bien marcada indica el nacimiento de un hombrecito, pero una cintura desvanecida y poco visible augura el arribo de una mujer.

Otra creencia que ha probado ser certera en estos tiempos es el análisis del latido del corazón del bebé. Si la frecuencia cardíaca del feto es superior a los 140 latidos por minuto (regularmente), se trata de una niña, mientras que si es inferior a ese valor, esperas a un varón.

Otras creencias extrañas para saber el sexo del bebé

A veces se consultaba al futuro padre sobre las costumbres de la embarazada para adivinar el sexo del bebé, pues las abuelas creían con fidelidad que si la mamá prefería dormir recostada sobre su lado derecho, estaba esperando a una niña, pero si prefería dormir hacia el lado izquierdo, el bebé sería un niño. También había algunas miradas imprudentes, pues se afirmaba que si el seno izquierdo crecía más que el derecho, el bebé sería una mujercita. Y mirar profundo a los ojos de una futura mamá era algo bastante frecuente, pues se afirmaba que si sus pupilas no se dilataban, el bebé sería mujer.

Para adivinar el sexo del bebé, cada cultura tiene sus propuestas. En China, donde a lo largo de la historia era bastante necesario saberlo de antemano, se utilizaba una tabla de nacimiento que analiza la edad de la madre al momento de concebir, el mes en que sucedió y la fecha estimada para el nacimiento. En los Estados Unidos se sigue usando un test casero para nada efectivo, pero algo entretenido: se colecta la orina de la futura mamá en un vaso incoloro y se agrega un poco de Drano (líquido para destapar cañerías). Si la orina se vuelve verde se espera a una niña, y si se torna azul, será un niño.

Y por último, bastante habitual en nuestros tiempos, están las pruebas para adivinar el sexo que usan una llave, una aguja o el conocido anillo que pende sobre la palma de la mano de mamá: si se mueve en círculos, esperas a una niña, mientras que si se mueve en línea o péndulo, será un varón.

Y estas son sólo algunas de las más alocadas formas en las que hasta hace pocos años (y, en algunos casos, ¡aún hoy!) se intentaba saber de antemano quién llegaría al mundo sin recurrir a análisis médicos. ¿Conoces tú alguna otra forma divertida de adivinar el sexo del bebé?

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