Cómo elegir un libro para niños

Fomentando la lectura en los niños

La lectura es un placer que todos podemos darnos. Pero cuando no estamos acostumbrados a ella nos cuesta comenzar un libro, lo percibimos como eterno, y mucho de ello se debe a la falta de lectura infantil.

Leer desde pequeños es fundamental. El saludable hábito de recorrer las páginas con los ojos no sólo nos informa y prepara en una correcta escritura (en especial en lo que respecta a la gramática y la ortografía, sin mencionar la capacidad de comprensión), sino también despierta nuestra curiosidad y creatividad, abre nuestra imaginación, nos remonta a otros mundos fantásticos y, a la vez, crea en nosotros una costumbre que perdurará para toda la vida.

Para fomentar la lectura en los niños, es importante ir despacio, incorporando cada vez más contenidos en lugar de imponerle una novela de 200 páginas ni bien aprende a leer. Hay que elegir el tema que le interese en el momento, pues los gustos de los pequeños varían constantemente.

Ten en cuenta también sus aprendizajes, pues si está aprendiendo los colores, un libro de colorear con pocas palabras puede ser lo ideal, mientras que si ya los sabe pero también está interesado en los distintos vehículos, un libro en el que se vean las palabras que dan nombre a los coches y el color que deben lucir puede ser lo que buscas.

Finalmente, fíjate bien en los temas de su interés, además del tipo de libro. Si por estos días le gustan los dinosaurios, elige uno cuyo protagonista sea uno de estos animales; si es amante de una serie televisiva de piratas, elige un libro con un hombre de pata de palo y un pajarraco en el hombro como héroe de la historia. Así incentivarás el gusto por la lectura, acompañándolo con tus enseñanzas en las primeras páginas y compartiendo el momento con ellos.

Cómo elegir el libro según la edad del niño

A partir del año el sistema visual del pequeño está plenamente desarrollado, y puedes comenzar el hábito de la lectura con libros mullidos y acolchonados, con imágenes grandes, coloridas y sin esquinas, para que se acostumbre a la mecánica de asirlo y recorrerlo.

Ya hacia los dos y medio o tres años, el niño necesita las historias, pero aún es muy joven para aprender a leer. Los libros con letras grandes y llamativas, números, colores, y con tu ayuda leyéndolo para que el pequeño señale, lo incentivará a aprender las formas que dan cuerpo a las palabras. Irá aprendiendo la figura que dicta su nombre y conceptos clave, como “papá”, “mamá”, “agua” o su nombre. Esto es genial para que acostumbre la vista a las letras y números, que deben ir siendo cada vez más pequeñas hasta llegar, hacia los 4 o 5 años, al tamaño de impresión para niños, algo mayor que la nuestra y con tipografías simples. Los diccionarios visuales son geniales en esta etapa, pues le enseña las palabras individualizadas con su imagen, relacionándolas de inmediato.

A partir de esta edad puedes dejar de lado los libros de colorear y los de historias en imágenes para pasar a los de palabras. Comienza lentamente: una frase por página. Luego, incorpora más contenidos, y cada vez menos imágenes para que el pequeño vaya aprendiendo a imaginar eso que está leyendo.

Los temas positivos y alegres son mejores que las historias de brujos, malvados y zombies. Es mejor que aprenda estas lecturas en positivo antes que en el miedo o en el enojo, pues podría crear una asociación negativa. Si notas que el niño lucha con imaginar las historias, entonces prefiere las de hadas y encantamientos, más fáciles de interpretar en la mente infantil. Los libros de tipo novela con historias que entremezclan el drama y los obstáculos (del estilo de “Harry Potter”, “El señor de los anillos” y “Coraline” u otros) podrán ser mejor disfrutados a partir de los 10 u 11 años.

Prefiere los libros cortos con historias entretenidas, que puedan ser leídos pronto por los pequeños. La tipografía ha de ser clara, bien visible y grande, quizás al principio en mayúsculas y luego en minúsculas. Pueden tener imágenes, pero es importante que cada vez haya menos de ellas, hasta llegar a la edad escolar en la que el niño debiera leer sin dibujos que lo asistan.

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