Cómo ayudar al niño con miedo a la oscuridad

Miedo a la oscuridad

El 30 % de los niños suelen tener miedo a la oscuridad.

El miedo a la oscuridad suele aparecer alrededor de los 3 a 5 años y suele durar hasta alrededor de los 9 años.

Si este miedo aparece ya pasada esta edad, suele deberse a alguna historia que ha oído o a alguna película que le haya causado temor.

El miedo puede deberse a muchas cosas, a que alguien se haya escondido debajo de su cama, dentro del ropero, detrás de la puerta o incluso a que sus padres desaparezcan.

Cómo saber si el niño teme a la oscuridad

Pedir que no apaguen la luz puede ser una excusa para seguir jugando o un temor a la temible oscuridad.

Podemos darnos cuenta que nuestro niño le teme a la oscuridad cuando notamos que no quiere irse a la cama por sus propios medios, y cuando está en la cama solicita la presencia de los padres a través de variados pedidos “tengo sed”, “tengo frío”, “que alguien se quede conmigo”, etc.

Además, notaremos en su cara que cada vez que se entra en la habitación, no esta sonriendo como si hubiera hecho una travesura al haberlos llamado, sino que su carita demuestra miedo y preocupación.

Cómo ayudar a superar el miedo a la oscuridad

Ante su miedo, lo mejor es acompañarlo un rato (nunca llevarlo a la habitación de los padres), conversar con él, contarle un cuento, buscar un peluche o muñeco que le pueda hacer compañía, “cuidarlo” durante la noche y también puede ser de mucha utilidad incorporar en la habitación alguna luz tenue para que quede encendida durante toda la noche, o dejar la luz del baño, pasillo o de otra habitación encendida, para que no quede todo totalmente oscuro.

Una buena forma de alejar estos miedos es jugar durante el día con la oscuridad, en habitaciones cerradas, para que vaya tomando confianza al moverse en ese medio.

Además, debemos decirle con seguridad y claridad como van a ir ocurriendo las cosas, por ejemplo, nos acostamos, escuchamos un cuento, nos dormimos y al día siguiente mama lo despierta. El saber que pasará después, también le otorgará mayor seguridad al niño.

Si el niño se llega a despertar llorando, no hay que encender la luz para consolarlo, es mejor hacerlo en la oscuridad, hablándole en forma tranquila y brindándole mimos hasta que se vuelva a dormir.

Si llegáramos anotar que sus pedidos son solo una forma de jugar y de dilatar el momento del sueño, le daremos un beso, un abrazo y lo despediremos hasta el día siguiente.

En el caso que nuestro niño tenga miedo a la oscuridad, también es conveniente evitar que vea películas de terror o violentas acercándose el horario de la noche, la narración de cuentos que puedan despertar miedos o temores, nunca amenazar al niño cuando se porta mal de encerrarlo en su cuarto y apagarle la luz, evitar juegos que lo pongan nervioso cuando ya se va acercando la hora de ir a dormir.

Por el contrario, si es beneficioso realizar juegos en los cuales la oscuridad o el no ver sea la parte divertida, como el “gallito ciego”, “colocarle la cola al burro”, “romper una piñata” (con los ojos vendados), organizar un picnic a la luz de la luna, enseñarle las estrellas, explicarle (dentro de su entretenimiento) el porque de la noche y el día.

Si su temor radica en monstruos que puedan haberse escondido en algún lugar de la habitación, podemos revisar esos lugares junto con ellos antes de acostarse y apagar la luz. Narrarles cuentos en los cuales los monstruos o personajes malos sean vencidos por los niños.

Si notamos que el miedo no es manejable y el niño tiene ataques y se transforma en una especie de fobia, es conveniente acudir a un profesional para que nos ayude a superar este problema.

 

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