Cómo ayudar a un invidente

Cómo ayudar a una persona ciega

La invidencia puede provenir de muchísimas condiciones y causas, desde enfermedades hasta accidentes, herencias y condiciones particulares. Quien la tiene convive con ella, y aprende a vivir en el mundo con uno menos de sus sentidos, sin que ello impida el correcto accionar en su conducta.

Pero a veces, nuestras ciudades no están plenamente preparadas para los ciegos, y pareciera que en lugar de facilitar su tránsito y acciones, se los obstaculiza. Es entonces cuando personas de buen corazón buscan ayudarles, y para eso es útil conocer la forma de hacerlo.

Ayudar a un invidente no es caridad

No pienses en un invidente como en un ser desvalido: esa persona probablemente se conduce bien por la vida sin tu ayuda. Pero, como nos sucede a todos, a menudo es más fácil contar con la solidaridad de nuestros conocidos y desconocidos.

Algunas situaciones pueden ser más meritorias que otras: cuando un invidente espera un autobús, o cruzar una calle sin cruce sonoro o semáforo de invidentes, o bien cuando intenta ingresar a un sitio poco preparado para su arribo. Aproxímate a él o ella siempre de frente, nunca sorprendiéndolo por la espalda (¡a quién le gusta eso!) y pregúntale si necesita asistencia, u ofrécela.

¿Qué es ayudar a un invidente?

Ayudar a un invidente es facilitarle las herramientas para que pueda conseguir sus propios objetivos. No es quitarle piedras del camino, sino señalar los obstáculos y esperar a ver si te pide que los muevas. En suma, no es hacer las cosas por él o ella, sino ayudarle con respeto a que pueda hacerlas por su cuenta.

Formas de ayudar a un invidente

Si la persona te pide asistencia o acepta tu ofrecimiento para caminar por una vereda complicada, cruzar la calle y demás, lo que debes hacer es ofrecerle tu brazo para que se tome de él. No tomes tú al invidente: esto es un agravio que a ti tampoco te gustaría que te hicieran.

Colócate a su lado izquierdo (normalmente toman su bastón con la derecha) y dobla tu brazo, para darle el codo y así pueda tomarte de allí. No corras ni camines demasiado rápido, pero tampoco demasiado lento. Ve indicándole cuando haya desperfectos en el camino: escalones, pasamanos, rampas o lo que fuera. Lo mismo si lo asistes para subir a un autobús o a un edificio: no lo empujes, sino ve diciéndole la cantidad de escalones, la distancia del descanso, las puertas automáticas o manuales, etc.

Un invidente en casa o en la oficina

Si tienes un familiar o conviviente ciego, toma los recaudos que fueran necesarios y aprende las conductas que minimizan la posibilidad de accidentes, como juguetes y elementos en medio del camino (incluyendo ropa o alfombras en el piso, que provocan fáciles tropezones), o puertas entreabiertas que pudieran golpear con sus rostros.

Pídele que te acompañe a realizar los trámites, al mercado y a la tienda. Su vida social es muy importante. A la hora de hacer las compras, coméntale los tipos y marcas del producto que quiere comprar, para que haga su propia elección. Recuerda que sólo se trata de una persona sin uno de sus sentidos, y que estás ofreciéndole ayuda y no convirtiéndolo en un desvalido en la sociedad. La integración y la solidaridad, con una asistencia ofrecida que a veces se acepta y otras veces no, es el primer paso hacia una mejor comunidad.

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