Cómo ayudar a un enfermo

Cómo acompañar a quien sufre una enfermedad

Si un ser muy querido está atravesando un momento particular, luchando contra una enfermedad, tu papel de compañía es una herramienta invaluable en su recuperación.
Hay muchas buenas maneras de acompañarlo, y hay también algunas actitudes a evitar. A continuación, un repaso por los eventos más cotidianos y las mejores ideas para ayudar a un enfermo.

Temas para dialogar con un enfermo

Cuando hay una enfermedad presente, inevitablemente el tema viene a nuestra mente en recuerdos y recolecciones de la realidad. No es poco habitual que el enfermo reciba visitas que se pasan las horas comentando que el tío de fulanito tuvo esa enfermedad, o la prima de la amiga tiene otro mal similar, incluso quién falleció y quién se recuperó. Estos temas no son apropiados para acompañar a un enfermo, pues tu papel ha de ser el de ayudar a despejar su mente de un tema que, probablemente, ocupe buena parte de sus pensamientos. Incluso cuando la historia tenga buenos resultados, es mejor no comentar nada al respecto.

El trato con el enfermo

No subestimes al enfermo, ni lo trates como tal. Muchas personas llegan a las habitaciones de hospital o a su casa de visita sólo para tratarlos como si fuesen de cristal, mirándolos con un leve gesto de pena y compasión. Esto es terrible para quien está intentando vivir una vida normal pese a su condición. Tampoco debes encarar una batalla de almohadas cada vez que ves al enfermo, pero sí debes tratarlo como a cualquier otra persona, tomando sólo los recaudos de higiene y contacto que el médico encargado recomiende.

Tareas para ayudarlo

Según sea la enfermedad, recuerda que quien la sufre no está incapacitado de realizar actividades, pero bien puedes ofrecer tu asistencia para las tareas más demandantes, como las labores del hogar, o aquellas fuera de casa. Ofrécete a ir a pagar las facturas, a hacer las compras, y hasta juntarte a elaborar la lista de las necesidades entre charlas y risas. Esto ayudará enormemente al enfermo y a todo el hogar, manteniendo al mismo tiempo los humores altos y el espíritu elevado.

Mantén el ánimo del enfermo en alto

Tu papel como acompañante es facilitar su existencia, pero también ayudarle a mantener el ánimo elevado. Con este fin, hay quienes evitan por completo mencionar cualquier cosa depresiva o triste frente al enfermo, como por ejemplo, algo malo que les haya pasado en el día. Pero quien está enfermo, muy probablemente, sólo quiera una vida normal en tanto se recupera. No es necesario mantener sólo charlas de caramelos y unicornios: puedes hablar de tu día, del precio de los comestibles, de lo mal que te llevas con tu jefe. Estas son charlas habituales que podrías tener con cualquier persona, y son lo que puede hacer sentir al enfermo como alguién más, en lugar de "sólo un enfermo".

Aprovecha a acompañarlo a realizar sus actividades favoritas, sin obligarlo si en verdad no le viene en ganas, pero sin dejar tampoco que se aísle del mundo. Si su condición le impide salir, pon en marcha planes para entretenerse en su habitación, como colocar pantallas y proyectores para ver sus películas favoritas, o llevar juegos de mesa y pasatiempos que mantengan ocupada su mente.

Tu compañía y tu ánimo serán invaluables para su recuperación, y es algo tan sencillo de brindar como la mera presencia.

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