Cómo Aprender a Respetar al Prójimo

Respetar es ser Tolerantes

La tolerancia, en su concepto, es la aceptación de las diferencias. Es decir: tolerar es respetar que la otra persona es diferente a mí, en su aspecto físico, en sus gustos y preferencias, en sus ideologías y en su idiosincrasia. De este modo, la tolerancia se convierte en la herramienta fundamental para la construcción de una sociedad en orden y de una cultura de paz, algo tan necesario en los tiempos actuales.

Aprender a respetar al prójimo es justamente eso: ser tolerante. Y hay muchas maneras de serlo, incluso si no sientes que forma parte de tu naturaleza. Pero, a fin de cuentas, verás que todos somos tolerantes, al menos en un aspecto en la vida.

Aprender a convivir con las diferencias

Si todas las personas fuésemos exactamente iguales, no sólo la vida sería demasiado aburrida, sino que tampoco tendríamos la posibilidad de aprender unos de otros. Gracias a que existe la diferencia es que podemos dialogar, podemos debatir (recuerda que debatir es proponer dos puntos de vista opuestos o complementarios, no necesariamente "pelear"), podemos aprender unos de otros, podemos también gozar de la diferencia.

Intentamos convencer al otro de nuestro punto de vista en conciliación, por ejemplo, cuando uno quiere comida china y el otro prefiere la mexicana. Estas diferencias son necesarias en una sociedad, que es el conjunto de personas diferentes tendientes a metas comunes.

De este modo, puedes ver cómo las diferencias son necesarias. Y esto incluye, como vimos en el ejemplo, las diferencias en gustos y cosas simples, o también en asuntos más delicados. Si tu vecino es de una religión opuesta a la tuya, puedes aprender a respetarlo tan simple como respetas al que prefiere un sabor de helado diferente al de tu preferencia.

El respeto y la aceptación

El respeto es, también, la aceptación de una diferencia. Si tu vecino es de una religión y tú de otra, bien pueden hablar, compartir, "respetarse" sin suponer que uno quiere convertir al otro o explicarle los fundamentos de su propia religión. Hablamos aquí de creencias, de filosofías, de prioridades de vida y no de asuntos contrapuestos a las buenas costumbres morales y a las legislaciones de cada zona, claro.

Discernir entre el bien y el mal es algo natural en las personas, más allá de sus prácticas y costumbres. Pero las preferencias, los gustos, la identidad misma no siempre tiene relación con la moral y lo legal. La sexualidad y la identidad sexual son claros ejemplos de ello, y es un tema en el que el respeto por el otro toma una expresión visible: ser amigo de una persona de diferente identidad sexual a la tuya no supone que uno de los dos cambie al otro, ¿verdad?. Pues esa expresión puede ser trasladada a, prácticamente, todos los planos de la vida y de la existencia.

Respetar al otro significa que no te impones a su identidad, que no procuras cambiar su punto de vista pese a que es opuesto al tuyo, y supone que la otra persona hará lo mismo contigo: respetarte. Para aprender a respetar al otro debemos entender su derecho a ser diferente.

Si el tema en verdad te molesta, toma las medidas para evitarlo, para obviarlo, para no prestarle atención sin imponerte sobre la otra persona. Verás que, una vez que hayas comenzado a hacerlo, también te respetarán a ti.

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