Cómo actuar cuando los niños mienten

Las mentiras en los niños pueden tener mala intención o no, lo importante es aprender a detectarlas y actuar en consecuencia para evitar una conducta repetitiva.

Los niños y las mentiras

Analizando las mentiras en los niños

Las mentiras en los niños pueden ser actos inocentes, medidas de protección contra la terrible consecuencia de un regaño, o señales de conductas socialmente inapropiadas. Aprender a detectar cuál es el origen o la verdadera causa por la que nuestros hijos mienten es fundamental, pues permite realizar los ajustes necesarios para crear un ambiente de educación social y familiar que se base en la confianza, más que en la mala acción y la consecuencia negativa posterior.

Cómo actuar cuando los niños mienten
A los cuatro años los niños ya pueden comenzar a mentir con mala intención, por ejemplo, para que su hermano sea castigado en su lugar

Cómo actuar cuando los niños mienten

La mentira es un acto aprendido. Es decir, en un hogar donde papá y mamá mienten a menudo (a proveedores, a sus amigos, a los abuelos), el niño o la pequeña pronto aprenderá que la mentira es la manera más fácil de salirse con la suya. Por ejemplo, si el niño vive en un ambiente familiar en el que los adultos tomar el periódico del vecino y luego lo niegan, aprenderá que mentir es la manera de obtener las cosas gratis y sin consecuencias. Por eso, lo primero es predicar con el ejemplo, demostrarles a los pequeños mediante nuestro propio comportamiento, que toda mentira tiene consecuencias, y que es mejor ser honesto y dialogar abiertamente para comprender los verdaderos sentimientos detrás de cada acción.

Cuando tus niños confiesen una mala acción, no los regañes. En lugar, agradéceles haber sido honestos al respecto, y lleguen juntos a una consecuencia que sea educativa y favorable. Por ejemplo: los niños han roto una planta jugando con la pelota. Si preguntas qué pasó o quién lo hizo y mienten, habrá consecuencias severas. En cambio, si los niños confiesan con honestidad y humildad haber roto esa planta, no los regañes, sino agradéceles su buena disposición y propón, como consecuencia (en lugar de “castigo”) que vuelvan a poner la planta en condiciones y que prometan jugar en otro lugar de ahora en adelante.

Las edades y las mentiras

Las mentiras pueden ser un acto completamente inocente y sin intencionalidad por parte de los niños más pequeños. De todos modos, tan pronto como los cuatro años los niños ya pueden comenzar a mentir con mala intención: para que otro sea castigado en su lugar (un hermano, otro niño o incluso adultos), evitar la consecuencia de una mala acción, evitar el regaño o, en algunos pocos casos, por el mero placer se salirse con la suya, “superando” a los adultos con sus engaños.

En este caso, como primera medida se debe reconocer cuál es la intención o el sentimiento que impulsa estas acciones, y luego consultar con pedagogos, psicólogos o educadores mejor informados en el tema, pues estas conductas podrían escalar y derivar en patologías que se van fuera del alcance del propio niño, joven o en su edad adulta.

Alrededor de los siete años de edad, dicen las estadísticas, los niños comienzan también a configurarse para comenzar la adolescencia, mientras que siguen conservando la imaginación infantil. Es habitual que aparezcan muchas mentiras, pero no necesariamente con mala intención, sino como parte de su propia fantasía. Cada caso es particular, y se debe analizar cada acción individualmente para conocer si la mentira tiene o no una mala intención por detrás.

El origen de las mentiras en los niños

Hay muchas causas por las que los niños pueden elegir mentir. Una es la formación familiar: en un hogar lleno de mentiras, las tomarán como un acto natural. También pueden elegir mentir como reacción defensiva por sentimientos de frustración (por ejemplo: otro niño recibe más cosas –regalos, mimos, atención- que él o ella, muy común cuando hay un hermanos enfermos o con características especiales), para llamar la atención de padres o mayores poco demostrativos o poco involucrados, como protección ante excesivas exigencias de sus padres o maestros o, claro, por miedo al castigo o a la consecuencia de una mala acción, intencional o no.

"Cuando tus niños confiesen una mala acción, no los regañes. Agradéceles haber sido honestos y lleguen juntos a una consecuencia educativa."

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" Habla con tus hijos y averigua el por qué de sus mentiras. Procura predicar con el ejemplo, mostrándoles que con la verdad se puede lograr objetivos de igual modo."

Habla con tus hijos y averigua el por qué de sus mentiras. Procura predicar con el ejemplo, mostrándoles que con la verdad se puede lograr objetivos de igual modo y con una conciencia más tranquila, y abre el diálogo honesto con enseñanzas en lugar de castigos, para que aprendan a no recurrir a las mentiras en ningún momento.