Cómo actuar con niños caprichosos

Cómo educar a un niño caprichoso

Cuando un niño se sale siempre con la suya, es señal de que estamos haciendo algo mal como padres. Querer todo lo que ven, envidiar a otros niños o rabietas continuas son algunos síntomas que identifican a aquellos niños caprichosos, niños que cuando inicien su camino hacia la madurez personal lo tendrán mucho más difícil que el resto, y se derrumbarán ante cualquier dificultad. ¿Cómo actuar en estos casos?

Diferencias entre capricho y necesidad

Conviene mostrar al niño la diferencia entre capricho y necesidad, puesto que el primer concepto suele abarcar juguetes de los cuales se enamora perdidamente por solo unos días, o aquella chuchería que "mami" siempre le compra porque quiere parecerse a "los demás niños". Una necesidad, en cambio, es un plato de comida que debe terminarse sin rechistar o material escolar que siempre debe estar intacto en su mochila. Por tanto, no conviene ceder ante caprichos tontos u objetos prescindibles, como juguetes nuevos: seguro que puede seguir una temporada más con los antiguos.

También resulta interesante aceptar el capricho pero con una condición previa, por ejemplo, pedirle que saque al menos un sobresaliente o que ordene su cuarto cada día durante un mes entero. De esta forma, valorará el esfuerzo necesario para conseguir lo que pide.

Ambos padres deben actuar igual ante los caprichos

Si la mamá mantiene las normas y no ofrece caprichos al niño, pero el papá le compra cualquier cosa que le pide, o viceversa, el pequeño se refugiará en el progenitor más permisivo y acudirá a él para cualquier cosa. Por tanto, la negativa debe venir por parte de ambos progenitores y no de uno solo.

En este sentido, conviene establecer unas normas ya desde que son bien pequeños, más o menos cuando empiezan a tener uso de la razón, puesto que si crecen malcriados, a los cinco o seis años serán mucho más tozudos y difíciles de cambiar. No obstante, tampoco hemos de convertirnos en unos padres demasiado exigentes, y conviene contentar con un capricho al niño, pero solo en ocasiones señaladas; a modo de ejemplo, un cumpleaños o los domingos.

Buscar alternativas al capricho

Con frecuencia, cuando los niños piden más y más cosas es porque se sienten poco queridos o tratados por los padres, lo cual no significa que se les eduque mal, simplemente pueden estar demandando pasar más tiempo en familia. Una alternativa a comprar una bolsa de golosinas, por ejemplo, podría ser enseñarle a montar en bici o acudir a la piscina municipal y nadar un rato juntos.

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