Cómo Aceptar tu Edad

Cómo Aceptar mi Edad con Gracia y Naturalidad

Cuando niños decíamos nuestros años y meses cumplidos, como si fueran verdaderos tesoros; de adolescentes aumentábamos el número para aparentar ser mayores, pero hoy, en la madurez, no logramos aceptar la edad. Nos tienta decir otro número, uno más pequeño, uno terminado en 8 o en 9 en lugar de afrontar que ya hemos estrenado una nueva década. ¿Qué es lo que pasa? ¿Cómo podemos aceptar nuestra edad?

Lo primero es no preocuparse. Aceptarnos por quienes somos es tarea forzosa, en especial cuando hay algo en nosotros que no nos gusta, y que definitivamente no podemos cambiar. Puedes colorear tus cabellos, someterte a cirugías rejuvenecedoras, puedes hacer deporte y llevar una vida saludable para que tu imagen no sea la que relacionas a tu edad. Pero definitivamente, no podrás cambiar la edad que tienes. Eso es innegable, está fuera de nuestro alcance, nada podemos hacer para frenar, demorar ni acelerar el tiempo.

Ideas para aceptar tu edad. Cómo aceptar mi edad y superar el conflicto.
Imagen 1. Aceptar mi edad me permite pasar mi experiencia a quienes me siguen detrás.

Aceptar mi edad es cuestión de calma

Debes contemplarte por quien eres, con todos tus defectos y virtudes, con todo lo vivido, lo reído, lo amado y también lo sufrido. Cuantos más años tengas, más habrás vencido a la muerte, piénsalo así. Has tenido una vida maravillosa por más de ¿4 décadas? ¿5 décadas? ¿Más?. Eso es fenomenal, has tenido muchos años de diversión y también de aprendizaje. Debes concentrarte en esa noción: los años que tengo son años vividos, no sólo transcurridos.

Relájate y mírate al espejo. Aprecia cada detalle, cada arruguita por tantas risas, cada cabello blanco por esos nervios pasados, cada chispa de tus ojos: son todos testimonios de lo sucedido. Si no te sientes de tu propia edad, entonces tu espíritu tiene la ventaja de ser algo más joven, pero tu cuerpo no puede sino tener los años que tienes.

El cambio de década

Aceptar mi edad también implica reconocer los cambios sociales y culturales en los que vivimos hoy. Es decir, aún es bastante habitual ver quienes temen al número cuando hay un cambio de década a la vuelta de la esquina. Si bien es cierto que hay años que nos cambian en lo más profundo (como alcanzar la mayoría de edad), aún pocos valores nos afectan tanto como el cambio de los 29 a los 30; de los 59 a los 60, y en especial de los temidos 39 a los 40. Pero debes dejar de lado esa noción, pues se basa en conceptos antiguos.

Hace algún tiempo atrás, tener 40 años era casi sinónimo del inicio de la tercera edad. Ya eras una persona madura, listo para ser abuelo, la vida ya estaba en su segunda y última parte. Pero hoy los tiempos han cambiado, la adolescencia se ha extendido, incluso nuestros cuerpos se han adaptado, prolongando la edad fértil, y eso ha hecho que la vida cambie ampliamente. Hoy los 40 años son de la juventud, y no tienen mayores significados. Deja de temerle a tu edad, a la nueva década, pues ya no significa todo eso que aprendiste cuando joven, sino que ha pasado a ser sólo un número más, uno sin mayores pretensiones ni significaciones, uno de los tantos.

El número no importa

Aceptar tu edad es cosa de ser natural, de comprender que no es un número lo que te define, sino la actitud que tengas ante la vida. Hay mujeres de 80 años que aún bailan, pasean y hasta hacen ejercicios, y jóvenes de 20 años que no se salen del sofá; hay hombres de 70 años apenas con una arruga en torno a los ojos, y chicos de 30 cuyas vidas los han dejado calvos, plagados de pelos canos, con el cuerpo cansado. La edad poco tiene que ver con la personalidad, y eso también es algo que debes tener en cuenta si quieres aceptar la edad presente.

Di ese número con orgullo, pues son años de experiencia, de sabiduría, de felicidad y de llanto. Son años de vida, como quien dice con orgullo haber logrado darle 3, 4 o 10 vueltas a la piscina. “Aceptar mi edad es aceptar que he vivido bien, que he aprendido, disfrutado, y que me he convertido en un ser experimentado en muchas cosas. Por eso, en lugar de temerle al número, yo lo digo con orgullo, y eso me deja gozar más de mi existencia”. Repite ese mantra a diario, di tu cantidad de años en voz alta y con una enorme sonrisa en el rostro: aceptar mi edad es aceptar que he vivido.

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