Cómo Aprender a Meditar

Cómo Iniciarnos en la Meditación

Si hablamos de meditación probablemente viene a nuestra mente la imagen de un monje budista, o de algún guerrero oriental sentado sobre sus talones, preparándose mentalmente para el combate. Pues estas apreciaciones no son del todo erradas, pero sí les falta algo: ese guerrero, ese monje, bien podrías ser tú, en la silla de tu escritorio en la oficina, en el semáforo en rojo o en el cruce del ferrocarril sentado en el coche de camino a la tienda, o en casa al comenzar el día.

La meditación es un ejercicio, tal y como el gimnasio, salir a caminar o practicar un deporte. La diferencia reside en aquello que ejercitamos: se trata de nuestra mente. Así, al igual que sucede en un deporte, cuanto más medites, mejor serás en ello, más simple será la concentración y mejor estará tu equilibrio mental.

Este entrenamiento de la mente tiene amplios beneficios para nuestro bienestar general. Aprender a meditar es una tarea sencilla que requiere de cierta paciencia, pues es la práctica regular la que nos permitirá obtener sus tantos beneficios.

¿Por qué meditar?

Si no tienes aún tomada la decisión de comenzar a meditar, piensa en lo que aportará a tu vida: no sólo la paz y el equilibrio mental, conceptos casi ajenos al ajetreo de la vida diaria, sino que también será beneficioso para tu cuerpo físico. Se ha comprobado que la meditación ayuda en pacientes cardiológicos, como método de prevención de enfermedades mentales como el Alzheimer y la senilidad, y también es una útil herramienta contra la psoriasis, sin mencionar que es un soldado en el combate contra el estrés, la ansiedad, el miedo y la ira. Nada mal para tratarse de un ejercicio que puedes realizar en cualquier momento y lugar, ¿verdad?

La noción que impulsa a la meditación es sencilla. El mundo que nos rodea avanza, se mueve, cambia, y no es a nuestro ritmo ni acorde a nuestros deseos. Por ello, balancear nuestro interior es fundamental. Si aprendes a meditar obtendrás el remedio ideal, pues te permitirá tomar contacto contigo mismo y con el entorno, propiciando una mejor percepción de la realidad que te rodea, para su más rápida aceptación y estimación. Así, con una visión clara de lo que sucede, podremos tomar mejores decisiones y actuar en consecuencia, mejorando nuestro pequeño entorno, que es fundamental para nuestro buen vivir en la sociedad.

¿Cuándo meditar?

La tensión, el estrés y la ansiedad parecen ser elementos infaltables en la vida diaria. Y lo son. Por ello, aunque mucho tratemos de evitarlos, algunos componentes pueden infiltrarse en nuestra vida.

La meditación, por su parte, nos permite aprender a lidiar y convivir con estos elementos externos, mejorando así nuestro bienestar personal, interno y externo. Y lo mejor de todo, es que no necesitas buscar un centro budista ni convertirte en ermitaño para meditar. Tampoco es necesario más que algunos minutos al día, o con tanta regularidad como puedas o quieras. Puedes meditar en cualquier momento, en cualquier lugar, por tanto tiempo como prefieras o necesites.

¿Qué se necesita para aprender a meditar?

Pues, necesitas de tu propio cuerpo. De preferencia descalzo o en calcetines, con ropa cómoda, en una posición cómoda y con la mete relajada. Cierra los ojos y respira, simplemente. Respira en profundidad, inhalando, reteniendo el aire unos segundos, y exhalando lentamente. Deja ir tus pensamientos, sin concentrarte en nada en particular. Puedes seguir un audio de guía para aprender a meditar, descargado de Internet, que te irá describiendo paisajes y situaciones que puedes ir visualizando, o bien simplemente deja descansar tu cerebro y no pienses en nada, dejándote maravillar por las imágenes que vayan apareciendo por cuenta propia.

Puedes meditar visualizando algo en particular. La idea es no "pensarlo", sino "sentirlo". Al principio será algo difícil, pero en poco tiempo podrás meditar en segundos. Déjate absorber por la paz y la calma de una mente que no está pensando en nada, y lentamente vuelve a la realidad con energías renovadas.

Comienza por meditar en las noches, al regresar a casa, o antes de ir a dormir. Luego, podrás ir haciendo pequeñas sesiones de meditación a lo largo del día, según lo necesites. Verás que tu concentración aumenta, tu ira disminuye, tu ansiedad desaparece, con tan sólo unos minutos de cerrar los ojos, respirar... y simplemente, no pensar en nada.

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