Ahorra cambiando tu hábito de encender la luz

Ahorrando en el uso de la luz artificial

A ver si te sientes identificado aquí: hay un corte energético en el vecindario. Sabes que no “hay luz”. Necesitas entrar al sanitario así que tomas una vela, y ni bien abres la puerta, tu mano libre va directamente hacia la llave de la luz. ¿Te ha sucedido? Seguro que sí, y es que el acto de encender las luces cuando entramos a las habitaciones se ha convertido en un hábito automático en nuestras vidas. Tanto, que lo hacemos incluso de día. El problema es peor cuando olvidamos apagarlas al salir.

El uso de la luz y la conducta

Reemplazar los bombillos por otros de bajo consumo es una idea genial, eficiente y responsable. Pero más aún lo será crear el hábito de no encender las luces. ¿Tomas tus baños de día? Entonces no necesitas tener la luz encendida cuando hay sol entrando por la ventana, aunque no sea tan intensa. Después de todo, no necesitas tener un reflector para la ducha, donde incluso tienes los ojos cerrados gran parte del tiempo.

Algo similar ocurre cuando nos estamos preparando para ir a dormir. Pese a toda contraindicación, tenemos una TV en el dormitorio, para divertirnos un poco antes de cerrar los ojos (y, claro, al hacerlo programamos la TV para que quede en stand by mientras dormimos, potenciando el gasto). No conformes con eso, encendemos la luz de la habitación y la dejamos así, mientras vamos a cepillar nuestros dientes, a revisar si cerramos las puertas, y hasta mientras nos estamos acostando. ¡Sólo estás gastando más!

Aprende a vivir con una intensidad lumínica menor: en pocos días te acostumbrarás, no te hará falta la luz extra, y podrás ver el ahorro en tu factura eléctrica casi de inmediato.

Planificando la iluminación

Además de intentar crear la conciencia de no encender automáticamente las luces cada vez que entramos en una habitación, también necesitas crear una planificación estratégica en la iluminación de tu hogar. Muchas veces nos encontramos que tenemos luces meramente decorativas, que resultan insuficientes para hacer tareas: tenemos una línea de tres lamparillas dicroicas muy bonitas (y muy consumidoras) en la cocina, pero cada vez que tomamos el cuchillo y la tabla de picar, resolvemos por encender una luz extra, para proteger nuestros dedos de cortes accidentales. ¿Ves lo que sucede aquí?

Tener una luz general de buena potencia es una buena idea. También lo será tener dos luces (o más) ubicadas en distintos puntos de la habitación, que funcionen de modo independiente, para iluminar adecuadamente sólo el sector que estés ocupando. Planificar las luces de cada estancia puede ser complicado, y también puede que tengas más gastos en la compra inicial de materiales, pero verás que iluminar con menos intensidad y sólo en los sitios donde lo necesitas tendrá un gran impacto en tu factura de consumo eléctrico. ¡Querrás aprovecharlo para potenciar tus ahorros!

Revisando las instalaciones

Es muy importante revisar las instalaciones eléctricas periódicamente. Un mal funcionamiento o un desperfecto (roedores que mascan los cables, conexiones resecas que se parten, humedad dentro de los muros y muchas más) propician un gasto ineficiente, pero mucho más aún: ponen a riesgo a nuestro hogar y a nuestra familia, pudiendo provocar incendios y otros. Una vez al año necesitas hacer una revisión técnica general, contratando a un profesional independiente o averiguando en tu municipio sobre el tema. Muchas ciudades optan por proveer este servicio de manera gratuita (o muy económica) a quienes lo soliciten, buscando reducir las tasas de accidentes, incendios y mortalidad en la ciudad. ¡No pierdes nada con ir a consultar!

Además, tú puedes hacer una revisión periódica. Sólo mira el cableado y las instalaciones, sin tocaras o desconectando el abastecimiento general antes, para no ponerte a riesgos, y verificar si hubiera problemas. Una forma de conocer si hay fugas eléctricas en casa es bastante simple: desconecta absolutamente todo lo que tenga un funcionamiento eléctrico (no dejes el enchufe en la toma de la pared, siquiera), incluyendo la nevera –sólo por algunos momentos- y apagando todas las luces, y ve a la caseta de abastecimiento eléctrico: si ves que sigue circulando, hay una fuga en casa. Si no la ves, vete adentro, vuelve a conectar todo pero déjalo apagado (nuevamente, puedes dejar la nevera desconectada por el momento, pues ya sabes que esta tiene un consumo fijo), y vuelve a verificar el consumo. Los artefactos conectados pero apagados, que no estén en stand by, no tendrían que tener consumo alguno. ¡Es una prueba fácil que puedes hacer cuando quieras!

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